Septiembre 7, 2009

“No veo un proyecto claro de política exterior” Entrevista con Rosario Green

Tere Vale
[Periodista Mexicana. Entrevista para el periódico “La Crónica de México”, México, lunes 7 de septiembre de 2009]

  

TV: ¿Cuál es tu perspectiva de la política exterior mexicana, especialmente con relación a América Latina?

RG: Yo no veo un proyecto claro de política exterior y mucho menos en el caso de América Latina. No sé qué es lo quiere México con Norteamérica, qué quiere con Centroamérica, qué quiere con Sudamérica. Yo hago un análisis sencillo, con Norteamérica sin duda nuestras expectativas de una comunidad de naciones norteamericanas, de una optimización de nuestras relaciones con Estados Unidos y con Canadá se han venido un poco por tierra, porque si te fijas, con Estados Unidos la tan esperada reforma migratoria apareció con muy poca visibilidad porque el tema de la crisis es prioritario, igual que es prioritario el tema del sector salud en Estados Unidos. Por lo que toca a Canadá, donde la relación no es tan intensa pero es una buena relación, ésta se ha visto empantanada por el requisito que impusieron los canadienses a los mexicanos de contar con visa.

 

TV: ¿Por qué de pronto Canadá toma esta decisión?

RG: Pues todo parece indicar que Canadá quiere una relación más profunda con Estados Unidos y que esto le llevó a tratar de hacer políticas espejo, empezando por la migratoria. El número de mexicanos, bien asilados o bien de clase media que están trabajando allí, no es numeroso, sin embargo esta política nos vino a golpear y no se discutió, no se trabajó. Yo le atribuyo mucho a este lamentable embajador que tuvimos en Canadá, Goicochea, el que ni siquiera haya tenido capacidad para preparar una estrategia, esto se supo extraoficialmente en mayo pero no se anunció porque el Gobierno mexicano pidió un espacio, para saltar las elecciones y que esto no impactara negativamente sobre los resultados. Cuando se da la trilateral tampoco se toca el tema, yo me pregunto ¿una trilateral para qué?, no fue más que una foto porque la trilateral está basada en una alianza para la prosperidad y la seguridad y ya ni siquiera aparece por ningún lado el tema de la prosperidad. El proyecto mexicano en América del Norte se encuentra empantanado; el TLCAN ha perdido parte de su dinamismo, no hay posibilidades de dar un giro a corto plazo. Esa es una falla que está ahí en nuestro continente.

La otra falla es Centroamérica. Ya no aparecemos en Centroamérica, porque no tenemos una agencia de cooperación internacional, por la que yo me he batido en duelo y lo seguiré haciendo hasta que consiga crear esta instancia de contabilización y transparencia de la asistencia que México da y recibe. Al no haber una agencia, no hay forma de saber cuánta cooperación damos a los centroamericanos en pesos y centavos. Nadie lo está midiendo, los Estados hacen sus cosas, sobre todo los Estados fronterizos, las instituciones mexicanas colaboran, pero nadie informa y no se contabiliza. Tampoco tenemos un proyecto centroamericano.

TV: ¿Cómo ves la posición de México con relación a Honduras?

RG: Es muy necesaria. Ante un golpe de Estado, tradicionalmente México ha dicho que “es muy duro que haya un golpe de Estado y ojalá que las partes se pongan pronto de acuerdo para que se restablezca el orden constitucional”, hasta ahí es en donde siempre nos hemos quedado, pero ahora dijimos que “Zelaya o nadie” y nos colocamos en una posición donde olvidamos la doctrina Estrada y el principio de no injerencia, ni siquiera logramos ser mediadores porque una vez que tomas partido pues dejas de ser mediador, esto pasó convidando lamentablemente al Grupo de Río porque México lo preside en estos momentos y México tomó partido. Si tú te fijas, cuando viene Zelaya y se le hacen honores de patriota, muerde la mano que le da de comer, al final reconoce a López Obrador, es un comportamiento poco correcto, el decir una frase tan lamentable como la de que es mejor sentirse presidente que serlo y dedicarle la frase, como quien dedica un toro, a López Obrador.

Con Sudamérica, México tampoco parece tener un proyecto. El tema aquí es que los grupos que existen en Sudamérica no nos incluyen, estamos absolutamente marginados del ALBA (Alternativa Bolivariana de las Américas) a pesar del apoyo a Zelaya, marginados de unasur (Unión de Naciones Suramericanas) que se acaba de reunir y tienen todo un proyecto de infraestructura. Yo siento a México muy solitario, tengo inclusive una propuesta muy atrevida, muy osada porque creo que va a ser muy difícil de vender, pero creo que es el único camino. Creo que México debe seguir haciendo sus esfuerzos como hasta ahora, que realmente no reditúan, pero hay que hacerlos, no se trata de pelearse con nadie. Pero lanzar una política muy focalizada, una estrategia muy centrada en Brasil. Yo llegaría a un acuerdo con Brasil, decir “de ahora en adelante, tú y yo inseparables” y empezar a participar en proyectos conjuntos, sin miedo, proyectos científicos, tecnológicos, en el ámbito de la energía. Brasil nos invitó a desarrollar una exploración conjunta en territorio brasileño y México se asustó y la declinó, ojalá que recupere un poquito de visión.

Yo aconsejo una estrategia centrada en Brasil y en Brasil nada más. Por primera vez los empresarios paulistas le plantearon a Calderón que quieren un acuerdo de libre comercio. En ese sentido, en buena hora, no nos quedemos en un acuerdo comercial, hagamos un acuerdo que abarque todo, todo tipo de investigación, de proyecto de combate a la pobreza, de trabajo contra el crimen organizado, a favor de que el cambio climático no nos convierta muy rápidamente en un infierno o en un pedazo de hielo, todo ese tipo de cosas, concentrarnos seriamente en esa relación. No hay nada que perder.

TV: ¿Tú piensas llevar adelante esta propuesta en la Cámara de Senadores?

RG: Ya por fortuna la puse sobre la mesa y en la agenda legislativa de la fracción priísta en el Senado está metida la necesaria y obligada mayor atención, con resultados precisos, con una estrategia concreta a partir de un esfuerzo que conjunte gobierno, empresarios, medios, intelectuales y gente que cree que sin Brasil va a costar mucho trabajo explicar a México o, como probablemente, que sin México, Brasil no está completo. Es decir, que nos asumamos como los dos grandes de América Latina, entremos en una alianza auténticamente estratégica, mutuamente beneficiosa y por supuesto íntima. ¿Qué queda? Explorar la gran oportunidad de asociarnos muy estrechamente, sin límite, con un país como Brasil, con el cual compartimos muchas más cosas de las que se ven a simple vista.

TV: No te llamó la atención que en el informe de Calderón sólo se menciona de pasadita a Estados Unidos? No hay ninguna otra mención.

RG: Claro que me llamó la atención. Y que conste, bueno, no he visto el documento total, pero desde el principio anunciaron que uno de los capítulos, justamente el último del informe, es el de política exterior independiente, pero el Presidente no hizo prácticamente mención alguna al tema internacional. El Presidente, que parece otra vez en campaña o en el primer día de oficina, está diciendo exactamente lo mismo que dijo tanto en la campaña como en el día en que asumió la presidencia: “lo que voy a hacer”. Bueno y ¿qué ha venido haciendo usted?, porque eso de decir que hay dos millones y medio de niños con su seguro bajo el brazo y esas cosas que prometió en campaña son más mediáticas que reales y no se está viendo el impacto, aquí el desempleo sigue creciendo, la brecha entre pobres y ricos ya es infinita, el tema de la inseguridad tampoco se defiende. Por más que puso todo su empeño los últimos tres años en la lucha contra el narcotráfico, ya la dejó de lado, porque sabe que las filas del narcotráfico y de los sicarios están siendo engordadas por las filas del desempleo que está creando su política económica.

 

 

TV: Háblame un poquito de la relación de México con Colombia.

RG: A mí me preocupa muchísimo el tema de las bases en Colombia porque era como el resultado esperado, el Plan Colombia implicó la presencia militar para combatir directamente al crimen organizado. Las bases son una cuestión de tiempo, yo creo que es una situación muy lamentable que tengamos lo que no habíamos tenido en el pasado, lo que era exclusivamente Guantánamo hoy se multiplica, porque por más que digan es que es muy difícil el creer que si Estados Unido percibe cualquier tipo de amenaza no va a echar mano de todo, esas bases incluidas.

Me preocupa mucho también cierto paralelismo que se está estableciendo entre Colombia y México, en mucho más de un tema. Uno de los temas preocupantes es el que tiene que ver con un presidente muy fuerte que busca un tercer periodo y una corte suprema muy enojada con él, es auténticamente un choque de trenes a una velocidad supersónica y con un legislativo totalmente menguado, apachurrado, satanizado, sujeto a investigación por la corte que al mismo tiempo que los investiga los juzga y no hay segunda instancia para los parlamentarios acusados, muchos de ellos, de una actividad parapolítica, como puede haber sido vender su voto al referéndum y la reelección, a cambio de notarías públicas o de tratar de empujar sus candidaturas con acuerdos con los paramilitares. Esas son el tamaño de las acusaciones que se están haciendo sobre un tercio del Congreso colombiano, tienen 300 legisladores y cien de ellos están siendo sujetos a investigación, a 86 de los cuales se les acusa por haber votado “sí” al referéndum con lo cual la inviolabilidad del voto queda en la basura. A mí me parece que con toda esta campaña que estamos viendo en los diarios, en nuestro país también, en contra de los legisladores, que si ganan esto, que si tiene seguro, que si tal o cual cosa, y con poca atención sobre la necesidad de que estos funcionarios públicos puedan atender solamente a su oficio de legislador y no tengan que andar abriendo bufetes, haciendo otras cosas y por eso sus emolumentos, por eso su seguro de gastos médicos, etc., vayamos a caer en lo que ha caído Colombia, en una situación en donde se ha judicializado la política y se ha politizado la justicia. Veo las comparaciones y asusta.

TV: Parecería que hay un contagio en toda Sudamérica de esta voluntad de reelección y de fortalecer al Ejecutivo y disminuir a los otros poderes.

RG: Yo creo que en México también al Presidente Felipe Calderón le ha de agitar profundamente no poder manipular al Congreso y entonces estamos siendo vilipendiados lamentablemente. Lo que el Presidente Calderón tiene que registrar muy bien es que es un Congreso dividido porque México es un país dividido, México es un país de mayorías no absolutas y es un país en donde si no hay acuerdos, no sólo entre los legisladores sino entre la clase política con la sociedad, estaremos renunciando al futuro. Pero el Presidente sigue empeñado en ser un presidente casi autocrático, no cede, no concede y sobre todo no reconoce que la oposición ha tratado de sacar cuanta reforma ha sido necesaria pero también posible, tampoco podemos hacer todo nosotros.

El Ejecutivo muchas veces está esperando que se mueva primero el Legislativo para darle un palo, tiene que aprender que este es un asunto que compete a todos los mexicanos, no sólo decirlo, no sólo meterlo en un discurso sino en la práctica, no perder la paciencia cuando las cosas no salen como él quiere, justamente la democracia implicó separarnos de aquella época donde el legislador era un siervo que ya nada más ponía la firma ahí y salían los acuerdos por mayoría y a veces hasta por unanimidad, hoy en la democracia hemos aprendido a caminar. Hoy hay un presidente del Senado que es de izquierda, esas cosas no las ven los medios y nos pasan por el mismo rasero, de corruptos no nos bajan y va a resultar, como en Colombia, que ser político sea sinónimo de ser ladrón, cuando en el fondo hay un trabajo de representación y hay un trabajo a favor de la población. Tampoco podemos resolverlo todo porque hay un Ejecutivo que tiene que colaborar y hay un Judicial que tiene que ayudarnos a hacer más expeditos algunos trámites, pero creo que los priístas, tanto en el Senado como en la Cámara de diputados estaremos trabajando para lograr acuerdos mayores y tratar de introducir al gobierno una nueva estrategia.

TV: ¿Tú crees que todavía estamos a tiempo de reencauzar la política exterior mexicana?

RG: Yo soy de las que cree que hasta en el último momento hay tiempo, pero no veo la voluntad, es lo que me preocupa. Creo que en la Cancillería hay gente excelente, empezando por la canciller que es una mujer preparada, pero creo que el Presidente no ha aprendido a delegar en su personal, creo que ahora tiene una profunda inseguridad y quiere que todos sean azules, yo preferiría que todos fueran fregones, que todos fueran listos y profesionales. El Presidente no tiene confianza, pero si tú no delegas y das confianza a los profesionales que tienes, entonces estás destinado a tener una postura chiquita, una política exterior chiquita, una política hacendaria chiquita, una política de todo tipo chiquita.

TV: Dejo para el final la relación México-Estados Unidos ¿en qué momento estamos?

RG: Estamos en una especie de limbo, por un lado preocupados porque el Presidente Obama ha perdido una buena parte de su popularidad, lo que yo considero trágico porque para mí su elección me devolvió la fe en muchas cosas, creo yo que le tocó bailar con la más fea, una crisis que se inició en la época de Bush y que hoy le plantea a Estados Unidos una prioridad, muy concreta que es el salvataje, cómo él salva a la sociedad estadounidense, pero por el otro lado Bush también le deja una herencia no resuelta, todo el tema del health care. Es preocupante porque Estados Unidos es una población vieja, todos estos adultos mayores tienen necesidades desde el punto de vista de salud y no están satisfechos con el sistema de seguridad social desde hace 10 ó 15 años. El no haber podido resolver eso en la época de los republicanos y pasarle esta pelota tan dura a los demócratas ha incidido en la popularidad de un presidente que no puede en unos cuantos días resolverlo todo. Por eso es que la relación entre México y Estados Unidos está un poco en el limbo, porque hoy lo que importa para Obama es esto de un Plan Marshall, crear incentivos para que las industrias no se vayan, cuestiones que inciden necesariamente en México que tiene el 90% de sus huevos en esa canasta. Una ausencia de política migratoria, un levantamiento de hombros del Gobierno Federal porque no está en eso, hace que sean los Estados los que estén poniendo sus propias reglas, sus propias disposiciones y en muchos Estados fronterizos esté predominando no sólo la exclusión sino la persecución y la expulsión de los mexicanos en México. La posibilidad de que los mexicanos que vienen llegando encuentren un empleo, cuando los que se quedaron no lo tienen, es muy reducida, de donde las amenazas en inseguridad incrementan y es un hecho realmente contundente.

© La Crónica de Hoy, México, 2009.

Septiembre 5, 2009

¿Desaparecer al legislativo?

Rosario Green
[Senadora de la República, El Universal, México, sábado 5 de septiembre de 2009]

Regresar a la ciudad de México después de viajar a Bogotá, en donde encabecé una misión indagatoria del Comité de Derechos Humanos de los Parlamentarios de la Unión Interparlamentaria, y adentrarme en la lectura de la prensa nacional para ponerme al corriente de lo que sucedió durante mi breve ausencia me lleva a reflexionar sobre algunos de los peligros que percibí en tierras colombianas y el riesgo de que, con matices propios, pudieran reproducirse en nuestro afligido país.

En Colombia, el Poder Legislativo se encuentra en situación precaria, entre un presidente fuerte y una Corte Suprema de Justicia que cumple al mismo tiempo las funciones de investigar y juzgar a parlamentarios acusados, en ocasiones incluso por un anónimo o un colega resentido, de supuestos crímenes vinculados con la “parapolítica”, es decir, de haber buscado medios ilícitos para ganar elecciones; por ejemplo, pagando a paramilitares para asegurarse de que la gente vote por sus candidaturas. En estas circunstancias, los legisladores de ese país hermano a menudo renuncian a su inmunidad parlamentaria para poder ser investigados y juzgados por tribunales comunes a fin de tener derecho a una segunda instancia, que la Corte no permite.

Asediados por los poderes Ejecutivo y Judicial, los cuales además están confrontados entre sí; vilipendiados por los medios de comunicación; investigados por su postura a favor de la reelección del presidente Uribe, dejando de lado la inviolabilidad del voto; encarcelados o sujetos a arresto domiciliario; con su nombre en entredicho hasta en tanto la Corte no decida su destino, que es en estos momentos el caso de 100 legisladores de todos los partidos, los 300 parlamentarios colombianos la tienen muy difícil.

Como en todo, habrá legisladores honestos y los habrá también deshonestos, pero en Colombia, como lamentablemente sucede en otros países de la región, donde México no es excepción, son principalmente culpables de ser políticos y, por tanto, personas a las que se puede satanizar, denostar, calumniar, acusar incluso de recibir salarios y prestaciones que les permitan a ellos y sus familias vivir con seguridad, en ambientes donde es un artículo de primera necesidad debido a la persistente presencia del crimen organizado.

En México se tilda a los legisladores de voraces; en Colombia se les acusa de comprometer su voto a cambio de privilegios como notarías públicas que los enriquecen, tal y como se ha afirmado acerca de los 86 que apoyaron en diciembre la realización de un referéndum para la reelección de Uribe, a los que adicionalmente se culpa de “prevaricato” por votar una primera versión del proyecto correspondiente.

Es claro que en Colombia se ha llegado al extremo al que se arriba cuando se crea un clima de desprestigio de la política y los políticos, cuando se aplica un solo rasero, cuando sólo se señalan los beneficios y se menosprecia el trabajo del legislador, que sin duda siempre puede ser perfectible. Este proceder, además de injusto, puede convertirse en un obstáculo al mejor desempeño legislativo, lo que conlleva el gran peligro de minar a uno de los tres poderes del Estado, debilitando su estructura.

De ahí la necesidad de poner más atención en la labor del legislador que en sus percepciones personales y en los apoyos que recibe para realizar su trabajo, sin con ello dejar de reconocer que, particularmente en tiempos de crisis económica, conviene que los tres poderes hagan ajustes a sus presupuestos considerando la situación del país y las necesidades de la mayoría de sus habitantes. Pero contribuir a azuzar prejuicios y desprestigios, lejos de alentar el predominio de las mejores prácticas, puede conducir a lo que hoy pasa en Colombia: la judicialización de la política y la politización de la justicia.

© El Universal, México, 2009.

Agosto 22, 2009

¿Quién habla mal de México?

Rosario Green
[Senadora de la República, El Universal, México, sábado 22 de agosto de 2009]

Hace dos días el presidente Calderón conminó a quienes critican a México a no hacerlo. Se refirió a México como país, cuando, en mi opinión, lo que se critica fundamentalmente son los resultados del gobierno, de su administración.

Preocupa este discurso contra la libertad de expresión que pretende amordazar a quienes “hablan mal de México y hasta de eso viven”. Imagino que se refiere a articulistas, analistas, académicos, voces de la sociedad civil. No estoy de acuerdo con su llamado ni con sus quejas. La crítica siempre me ha parecido importante, particularmente cuando es constructiva. ¿Está mal hablar de nuestra cotidiana y aterradora inseguridad, sólo porque genera mala imagen en otros países? ¿Está mal decir que hoy hay más pobres que a principios de la administración de Calderón? Lo dice claramente el Banco Mundial en su informe. ¿Está mal hablar del creciente desempleo formal y la expansión del subempleo y del empleo informal? ¿Está mal hablar de la inflación? ¿Está mal hablar de la estrepitosa caída del PIB y de la inversión extranjera directa? ¿Está mal hablar de la crisis energética, del sector salud, de la educativa? ¿Está mal hablar de la crisis del campo o de la que enfrenta Pemex? ¿Está mal hablar de la corrupción, de la falta de transparencia, del desvío de recursos petroleros y del subejercicio del gasto público? ¿Está mal, en suma, preocuparnos acerca de la gran posibilidad de que se repitan situaciones ya superadas y de que la deuda pública externa se convierta en el expediente que resuelva el déficit fiscal, el déficit social?

Hablar de la realidad mexicana en términos de los graves problemas que la aquejan no es actitud perversa ni antipatriótica; si lo fuera, el primero en haber abierto este discurso habría sido el propio presidente Calderón, quien dio al virus H1N1 nacionalidad y pasaporte mexicanos, agravando la crisis económica, golpeando severamente al sector turístico, hotelero y restaurantero; y, permitió que, en plena reunión Cumbre Trilateral, en Guadalajara, se hiciera público con bombo y platillo el supuesto complot de la mafia mexicana en contra de su persona.

No me parece mal la crítica, insisto. Incluso yo he participado de esa libertad fundamental. Creo equivocada, en cambio, la receta de compararse con otras realidades sociales para intentar dormir mejor.

A las críticas hay que hacerles frente; defenderse de ellas con argumentos si son injustas, o tener la lucidez para corregir el rumbo si son justas, pero lo que no se puede es tratar de tapar el sol con un dedo.

© El Universal, México, 2009.

Diciembre 18, 2008

La indispensable congruencia

En los últimos días se han multiplicado las voces de alarma ante el fin de las cuotas compensatorias a las importaciones de calzado chino, afirmando que están en riesgo más de 2 mil empresas mexicanas y varias decenas de miles de empleos. De manera similar, hay numerosas expresiones de rechazo a la entrada en vigor de las últimas desgravaciones previstas en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte en el sector agropecuario, por considerar que tendrán un efecto catastrófico para cientos de miles de productores de maíz y frijol.

El público que se entera de estas situaciones a través de los medios de comunicación puede considerar que se trata de sorpresas sumamente desagradables por su potencial de daño a la economía nacional. Sin embargo, es importante recordar que el tema de las cuotas compensatorias al calzado chino se viene manejando desde 1993; que las decisiones al respecto se confirmaron en 1997 y que las cuotas se extendieron por cinco años a partir de diciembre de 2002. En el caso del TLCAN la reducción gradual de aranceles a las importaciones de maíz blanco y frijol, hasta su eliminación el 1 de enero de 2008, se pactó igualmente en 1993.

Es decir, han transcurrido catorce años desde que el gobierno mexicano asumió compromisos con potencial para afectar a los sectores productivos antes mencionados y lo único que resulta verdaderamente sorprendente es la ausencia de políticas públicas destinadas a evitar que se llegue a esta especie de callejones sin salida.

Desde luego no estoy pensando en levantar nuevos valladares para salvaguardar determinados sectores de la economía, sino en políticas de desarrollo agropecuario e industrial que a lo largo de los años debieron respaldar el incremento productivo en nuestro país, y en el fomento a acciones de diverso tipo que nos pudieron hacer competitivos. La aplicación exitosa de esas políticas y acciones se habría traducido en creación de empleos y generación de riqueza, permitiendo a la población adquirir los bienes que necesita, independientemente del lugar donde se producen.

A la frecuente suscripción de tratados internacionales y a nuestra incorporación a mecanismos como la Organización Mundial de Comercio (OMC), no siempre ha correspondido la puesta en práctica por parte del gobierno mexicano de medidas orientadas a conseguir su máximo aprovechamiento; todo se ha dejado a las fuerzas del mercado, actitud que no han asumido los países que hoy se presentan como grandes competidores en la escena global. Con diferencias de enfoque, todos ellos están procurando compensar los segmentos en los que tienen desventajas, con el impulso a otros en los que reúnen mejores condiciones para competir.

A la fecha, 151 países han ratificado su adhesión a la OMC en busca de reglas equitativas en materia de flujos comerciales. México lo hizo en 1995, junto con la mayoría de las naciones latinoamericanas, incluida Cuba. Es innegable que la OMC se encuentra en una etapa crítica y hay pesimismo respecto a los resultados finales de la ronda de Doha, pero también sería un error vulnerar este mecanismo multilateral o pretender el retorno a autarquías impensables en un mundo global. Hay mérito en los planteamientos clásicos de las ventajas comparativas.

Para que el conjunto de mexicanos pueda obtener satisfactores para una mejor calidad de vida es urgente la congruencia. El gobierno mexicano debe respaldar de manera decidida la modernización y el desarrollo acelerado de los sectores productivos en los que México reúne condiciones para competir con ventaja, tanto nacional como internacionalmente. Lo demás es pensar que podemos recrear un mundo que dejó de existir.

Mayo 6, 2008

Para ganar hay que competir

El Anuario Estadístico de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) correspondiente a 2007, da cuenta que ese año el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de México fue de 3.3%, porcentaje igual al alcanzado por Haití, y sólo superior al de Belice, Nicaragua y Ecuador entre los países continentales. Lo anterior contrasta con los resultados obtenidos por el resto de las economías latinoamericanas: Argentina (8.9%), Brasil (5.3%), Guatemala (5.5%), Perú (8.2%), Uruguay (7.5%) y Venezuela (8.5%), para citar algunas de ellas.

A esa desalentadora información se une la estimación de un crecimiento de 2.7% de la economía mexicana que hace la propia Cepal para 2008, el menor entre 20 países latinoamericanos. Esta apreciación fue prácticamente confirmada por el Banco de México, que considera que el PIB nacional sólo se incrementará 2.8%. Otras fuentes, como la Canacintra, son todavía más pesimistas y vaticinan que no pasará de 2.5%.

La noticia y las predicciones antes referidas son una demostración contundente de que la economía nacional no está creciendo al ritmo que demandan las necesidades de empleo, ingreso y servicios de una población que ya rebasa los 105 millones de personas. Además, se está rezagando en comparación con la mayor parte de las economías de América Latina.

El incremento de los precios de las materias primas explica el crecimiento del PIB en varios de los países mencionados, lo que hace difícil entender la situación de la economía mexicana, sobre todo si se toman en cuenta los incrementos que ha experimentado el precio del petróleo, que en México han generado excedentes multimillonarios.

Una parte de la explicación reside en el destino dado a dichos excedentes, al orientarlos prioritariamente al gasto corriente y en alguna medida al gasto social, pero sin emprender una mejora sustancial de las infraestructuras que faciliten la movilización de bienes. Seguimos careciendo de un sistema ferroviario suficiente y de una red carretera que conecte de manera fluida las zonas productivas con las áreas de consumo y los puertos terrestres y marítimos de salida de las mercancías destinadas a la exportación.

Si en otro momento resultó criticable el seguimiento imperturbable de los criterios emanados del Consenso de Washington que se traducían en la carencia de una política social, los últimos tiempos se ha dado un movimiento pendular que ha multiplicado programas asistenciales destinados a los grupos sociales más desfavorecidos, los cuales no generan condiciones para la sustentabilidad y tampoco constituyen una solución duradera.

Sin menoscabo de lo anterior, es necesario poner atención a las variables macroeconómicas, cuyo comportamiento es observado por quienes tienen la capacidad de venir a realizar inversiones directas en sectores productivos. Informes como el de Cepal y opiniones sólidamente fundadas como las de nuestro banco central, así como su encadenamiento con otras series de análisis, en poco contribuyen a la atracción del capital externo.

Si al desfallecimiento de la economía mexicana se añade la violencia que perturba cotidianamente la vida nacional, se podría producir un alejamiento de los inversionistas extranjeros en busca de ambientes más dinámicos y seguros para el establecimiento de fuentes de producción y empleo, confirmándose las apreciaciones de empresas calificadoras de riesgo, como Standard and Poor’s, de cuya lectura se deriva que merced a instituciones débiles e ineficaces estamos perdiendo la batalla de la competitividad que se libra a nivel global.

Son apremiantes, pues, una profunda reorientación en el manejo de la inversión pública y una estrategia que pruebe su eficacia en el combate a la violencia, para poder aspirar al México ganador prometido por la actual administración federal.

Abril 22, 2008

Una Norteamérica a la europea

El ‘New York Times’ publicó recientemente un artículo que daba cuenta de los problemas que confrontan comunidades estadounidenses por el cierre de empresas que emigran a otras naciones, entre ellas México, como resultado de decisiones tomadas en terceros países por consideraciones tales como el costo de la mano de obra, las tendencias del tipo de cambio o la evolución de los mercados, entre otras.

El resultado concreto es la pérdida de empleos y la depresión económica que sufren las comunidades al perder fuentes de producción. Desde luego, hay regiones en EU que por su vocación y tradición industrial están más expuestas que otras a sufrir este tipo de complicaciones.

La situación descrita es una manifestación más del proceso de globalización, frente al que se consideró inmune la economía más poderosa del planeta. La evidencia de que ello no es así coloca a nuestros vecinos del norte ante la necesidad de encontrar mecanismos de compensación que les permitan auxiliar a sus comunidades afectadas, las cuales se suman a otras áreas urbanas y rurales que padecen problemas de pobreza.

De hecho, los pobres en la Unión Americana suman 37 millones (lo que equivale casi a la población de toda Centroamérica) y representan 12.6% del total de la población del país, según datos de la Oficina del Censo de Estados Unidos. Esta situación podría agravarse por los problemas actuales de la economía estadounidense.

Por supuesto, México tiene un problema de pobreza mucho mayor y Canadá también presenta algunos problemas en este rubro, aunque en menor escala. Así, resulta evidente que en los tres países asociados en el TLCAN existen áreas y sectores históricamente afectados por la pobreza y eso determina importantes disparidades nacionales que eventualmente se traducirán en problemas a nivel regional.

Esta clase de situaciones está presente también en el ámbito de la Unión Europea pero ha sido resuelta bajo la óptica de que el bienestar del conjunto tiene como condición indispensable el bienestar de cada uno de sus integrantes. De ahí la creación de los fondos de cohesión y estructura que, aplicados a la solución de los problemas de rezago de países, y de regiones dentro de cada nación, han dado fortaleza a la Unión y generado las condiciones para el desarrollo de un mercado de 500 millones de personas, cada vez más homogéneo.

En numerosas ocasiones he llamado la atención sobre ese hecho y sugerido que una política similar debiera ser puesta en práctica en la región norteamericana. Esa lógica, además, debería extenderse a Centroamérica en un replanteamiento auténtico del Plan Puebla Panamá.

Con lo anterior se estarían construyendo las bases para un mercado regional de dimensiones casi iguales a las de la Unión Europea, y reduciendo problemas que hoy son causa, entre otros fenómenos, de presiones migratorias.

Hoy concluye en Nueva Orleáns la cuarta reunión Cumbre de los Líderes de Norteamérica, cuyas preocupaciones centrales son la prosperidad y la seguridad. Es muy probable que este mecanismo de diálogo y concertación en el que participan los presidentes de México y Estados Unidos, así como el primer ministro de Canadá, se mantenga después del cambio de gobierno estadounidense.

Sería altamente deseable que en el futuro este esquema de comunicación al más alto nivel se proponga metas de integración regional equilibrada, que incluyan fondos para impulsar la cohesión social y económica en cada uno de los tres países de Norteamérica y en los siete del istmo centroamericano, para compensar las disparidades entre todos ellos con el objetivo de consolidar una gran región cada vez más próspera y segura.

Abril 8, 2008

Atento recordatorio

Con gran frecuencia en el escenario político se hacen referencias dolosas al Partido Revolucionario Institucional, bien para acusarlo de coludirse con el poder en contra de los intereses de la sociedad, bien para culparlo de los problemas para los que no se encuentran soluciones.

En el primero de los casos, lo que se busca es justificar la propuesta de abandonar el debate, argumentando que existe una conjura, y en el segundo, la idea es demostrar que todo lo hecho durante los decenios en que gobernó el PRI es deleznable, tratando de responsabilizarlo de todos los males y de cubrir errores del presente atribuyéndolos al pasado.

 

A la vista de esta circunstancia, conviene una mirada retrospectiva para referir algunos logros de los gobiernos priístas, entre los cuales destaca la creación de instituciones que hoy son clave en la vida nacional: el Ejército y la Armada profesionales, el Banco de México, el Instituto Mexicano del Seguro Social, el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado, Petróleos Mexicanos, la Comisión Federal de Electricidad, el Instituto Politécnico Nacional y la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. Sin duda, los gobernantes pasan, las instituciones permanecen.

 

Resultaría imposible entender al México actual sin valorar las decisiones asumidas por el PRI en materia de desarrollo democrático, desde el voto de la mujer, en 1953, hasta la creación el Instituto Federal Electoral, en 1990, pasando por el diseño y la puesta en práctica de diversos ordenamientos que reconocen el derecho de los partidos minoritarios a estar representados en los cuerpos legislativos. Todo, sin olvidar la creación del IFAI para dar transparencia al ejercicio del poder público.

 

Sería irresponsable negar que en el trayecto se cometieron errores y se generaron insuficiencias que obligaron a abrir el diálogo entre el gobierno y la sociedad, en el cual, si bien hubo momentos de crisis y hasta de brutal confrontación, acabaron triunfando decisiones de modificación de estructuras y dispositivos jurídicos que ya no respondían a las demandas del momento. Lo cierto es que el PRI supo enfrentar ese reto transformador con responsabilidad y propició los cambios necesarios para garantizar condiciones democráticas y lograr estabilidad y paz social.

 

Hoy, mi partido ha asumido plenamente su condición de opositor en ese sistema democrático a cuya construcción contribuyó de manera decisiva, lo que implica desempeñarse con lealtad a las instituciones en las tareas que nos confía la sociedad. Es decir, actuando, como lo hemos dicho recientemente, convencidos del “valor de la política como instrumento de construcción de acuerdos y generación de consensos”.

 

En el curso de la presente Legislatura el PRI ha mantenido una actitud propositiva, que lo ha llevado a ser el principal impulsor de la ley para la reforma del Estado, buscando un gran entendimiento entre las fuerzas que confluyen en el Congreso de la Unión para adoptar decisiones destinadas a fortalecer nuestra democracia y nuestras instituciones.

 

En el PRI estamos conscientes de los grandes cambios que experimenta a diario el entorno mundial, y sabemos que quienes participamos en los distintos poderes y órdenes de gobierno tenemos la ineludible responsabilidad de contribuir a la toma de decisiones que permitan sintonizar el avance de México con ese entorno.

Para ello no vamos a escatimar esfuerzo alguno de interlocución ni con el gobierno ni con las organizaciones económicas, políticas y sociales, teniendo como respaldo nuestra trayectoria de construcción institucional.

 

No se trata simplemente de evocar el pasado para enaltecerlo o vilipendiarlo, sino de aprovechar las experiencias vividas para refrendar lo positivo y desechar lo negativo, impulsando permanentemente un desarrollo económico, social y político con justicia para todos. Ese es nuestro compromiso permanente con la nación.

Marzo 25, 2008

Cambio climático y seguridad

Durante los primeros días de este mes, el Grupo Aspen Atlántico, del que formamos parte varios ex cancilleres de diversos continentes, celebró su octava reunión en Copenhague, bajo el rubro “Implicaciones políticas del cambio climático”. En ella, bajo la coordinación de Madeleine Albright, secretaria de Estado con el presidente Clinton, participaron personalidades de la talla de Matti Ahtisaari, de Finlandia; Lloyd Axworthy, de Canadá; Igor Ivanov, de Rusia; Hubert Vedrine, de Francia; Ana Palacio, de España, y Surin Pitsuwan, de Tailandia, entre otras.

En la reunión destacó la sesión dedicada al análisis de los vínculos entre el cambio climático y el ámbito de la seguridad, a partir de un documento del Consejo Consultivo Alemán sobre Cambio Global, titulado Cambio climático como un riesgo para la seguridad, el cual identifica varias amenazas a la estabilidad y seguridad internacionales, a las que me referiré en forma resumida.

 

Primeramente, se señala que el cambio climático conlleva riesgos para el desarrollo económico del mundo entero, generando conflictos entre los principales causantes del calentamiento global y los más perturbados por él, todo ello con el posible incremento del número de estados débiles y frágiles, y también con un alto potencial de grave afectación a los derechos humanos.

 

Una segunda consecuencia del cambio climático identificada en el citado documento se refiere al impulso e intensificación de la migración en función del deterioro de las condiciones ambientales, lo que impide a grandes núcleos humanos mantener su vida cotidiana y llevar a cabo sus actividades productivas. Este es un fenómeno cuyas secuelas económicas, sociales y políticas ocupan ya un espacio destacado en las relaciones entre los países de origen y destino de la migración, y es un tema que está demandando su tratamiento en los foros internacionales más importantes.

 

Un tercer señalamiento es que los efectos del cambio climático ponen en riesgo la legitimidad de los países industrializados como actores centrales de la gobernanza global, lo que podría llevarlos a radicalizar sus políticas de seguridad.

 

Es sabido que algunos de los países que tienen las mayores responsabilidades en materia de cambio climático rehúsan comprometerse a su mitigación suscribiendo acuerdos internacionales de carácter vinculante. En este sentido, las consideraciones acerca de la multiplicación de los riesgos inherentes al cambio climático, cuyos efectos se extienden a la seguridad de todos los países del orbe, podrían influir en las decisiones futuras de gobiernos que hasta ahora se han mantenido al margen de los esfuerzos mundiales para combatir el calentamiento global.

 

En ese tenor, llama igualmente la atención otro documento circulado en la mencionada reunión. Se trata del trabajo de la organización no lucrativa CNA Corporation titulado Seguridad nacional y amenazas del cambio climático. En él se recogen las opiniones de un grupo de altos mandos de la Marina estadounidense acerca de las implicaciones geoestratégicas del cambio climático, incluidos sus impactos regionales y aquellos que afectan a los sistemas de infraestructura y a las operaciones militares. El estudio concluye que todo ello constituye una seria amenaza para la seguridad de Estados Unidos al acentuar la inestabilidad mundial e introducir tensiones, incluso en las regiones más estables del planeta.

 

A partir de lo anterior, pudiera suceder que el análisis de los efectos del cambio climático en términos de seguridad, tanto nacional como global, acabara convirtiéndose en un factor de convencimiento para que todos los países se comprometan en el esfuerzo común de combatirlos. Resultaría paradójico que lo que no ha conseguido la voz de los científicos lo acabara logrando la preocupación de los dirigentes políticos. Pero, si el resultado es el deseable, ¡vale!

Marzo 11, 2008

México y el Grupo de Río

Hace cuatro días, en Santo Domingo, México recibió la Secretaría Pro Témpore del Mecanismo Permanente de Consulta y Concertación Política, más ampliamente conocido como Grupo de Río, en la XX reunión cumbre de este foro integrado por 18 naciones latinoamericanas, a las que se han unido Guyana y los países agrupados en la Comunidad del Caribe (Caricom).

El gran valor político del Grupo de Río reside en ser el único espacio abierto a la participación de los países de América Latina y el Caribe sin injerencia de otros actores continentales, como en la Organización de los Estados Americanos (OEA), o extracontinentales, como en las cumbres iberoamericanas.

Otro aspecto que cobra relevancia en la actual coyuntura latinoamericana es que el surgimiento del Grupo de Río fue en buena medida resultado de la gestión exitosa del Grupo Contadora, en el que se conjuntaron esfuerzos de varios países latinoamericanos para conseguir la pacificación de Centroamérica en los años 80 del siglo pasado. Curiosamente, dos de esos países, Colombia y Venezuela, son hoy actores en una complicada situación geopolítica en la esquina noroccidental de Sudamérica, en la que también participa Ecuador.

Para completar una visión del actual contexto regional, es importante mencionar que un considerable número de países latinoamericanos pasa por una etapa de grandes transformaciones políticas que han llevado al poder por la vía democrática a fuerzas cuya orientación ideológica abarca un amplio abanico de posiciones de izquierda. Al mismo tiempo, existe una abierta competencia entre Brasil y Venezuela por el liderazgo en el escenario regional, si bien el primero busca tener mayor influencia económica y el segundo actúa en procura de ascendiente político. Otro aspecto, de carácter coyuntural, es el elevado precio que han alcanzado materias primas que producen y exportan varias naciones del área, concediendo a sus gobiernos mayores márgenes de maniobra.

Las circunstancias antes señaladas conforman el entorno en el que se dará el desempeño de México al frente de la Secretaría pro témpore del Grupo de Río, mecanismo que por su especificidad latinoamericana podría resultar un instrumento más eficaz para resolver crisis como la recientemente vivida, cuando la diplomacia llega a sus límites y sólo queda el diálogo directo de mandatarios, tal cual ocurrió en Santo Domingo. Una posibilidad semejante no existe en la OEA, en la cual además hay que lidiar con las suspicacias que genera la influyente participación de EU, normalmente inclinada al apoyo de algunos gobiernos que considera afines.

Sería iluso pensar que la crisis andina está zanjada, en virtud de sus múltiples componentes nacionales, regionales y extrarregionales, pero no cabe duda de que los gestos de acercamiento que tuvieron lugar en la cumbre del Grupo de Río, alentados por los mandatarios ajenos al conflicto, permiten albergar esperanzas de que se consiga restaurar una convivencia pacífica entre Colombia y sus vecinos Venezuela y Ecuador.

En estas circunstancias, particularmente delicadas, nuestro gobierno deberá conducirse en la Secretaría pro témpore con equilibrio y determinación, para recuperar su lugar de interlocutor clave en la región, lo que incrementaría su credibilidad ante otros actores internacionales como Estados Unidos y Europa.

Es la oportunidad de traducir en acciones concretas el discurso manejado por el presidente Calderón desde el inicio de su gestión, evidenciando la voluntad de participar activamente en el robustecimiento del diálogo y los mecanismos de colaboración con América Latina. No hacerlo fortalecerá la noción interesada en ubicar a México no sólo geográfica sino funcionalmente como parte de Norteamérica, aislándonos del entorno al que pertenecemos por razones históricas y culturales, con los múltiples costos que ello conllevaría.

Febrero 26, 2008

Un liderazgo colectivo

En junio de 2007, a un mes de su ascenso a la Presidencia de la república francesa, Nicolas Sarkozy anunció la creación de una comisión para la liberación del crecimiento francés, la cual se instaló en agosto con la participación de 43 personalidades de las más diversas procedencias, desde académicos y funcionarios hasta empresarios y banqueros, pasando por comunicadores y gente del ambiente cultural. Una de las principales razones de esta iniciativa fue que a pesar de los importantes recursos de diverso orden con que cuenta Francia, su crecimiento medio después del año 2000 ha sido sólo de 1.7% anual.

La comisión fue encargada de proponer la manera de mejorar la competitividad y la productividad, para asegurar una mejor inserción de Francia en la economía europea y mundial. Para ello llevó a cabo cientos de audiencias con representantes de todas las organizaciones sociales, políticas y económicas relevantes en la vida francesa, sin dejar de escuchar la opinión de organismos internacionales.

El primer informe de la comisión, cuya coordinación fue encomendada al conocido economista Jacques Attali, fue presentado el pasado 23 de enero. En él se afirma que la pérdida de dinamismo de la economía francesa es atribuible a la incapacidad de realizar reformas básicas en sus procesos de gestión. Ese conservadurismo, según el informe, ha provocado severos problemas de desigualdad y tiene como víctimas “a los jóvenes, los desempleados, los más pobres y los excluidos del mercado de trabajo, y más generalmente a las clases medias que viven de los ingresos de su trabajo”.

Para remontar esta situación la comisión Attali formula 316 propuestas. Se trata de “un plan global, no político”, que a la letra señala no estar diseñado para satisfacer objetivos “electoralmente útiles”, y deberá ser puesto en práctica a partir de abril, a fin de alcanzar sus objetivos de crecimiento, empleo y reducción de la pobreza en 2012.

Llama la atención que el título del primer capítulo del informe sea una paráfrasis del Génesis: “En el principio… el conocimiento”, revelando la importancia que la comisión concede a la educación y a la investigación, como elementos fundamentales del proceso de revitalización de Francia. También es notable que en su parte final el informe aborde el cómo, estableciendo el calendario de un plan operacional para cada decisión fundamental.

La extensa referencia anterior tiene por finalidad provocar una reflexión sobre la necesidad de avanzar hacia la formulación de un proyecto de reactivación de la economía mexicana, semejante al producido por la comisión Attali, para generar condiciones de mejoría de los sectores sociales más desprotegidos, de reducción de la brecha de la desigualdad y de nuestra inserción exitosa en la inevitable competencia global.

Tal aspiración resulta de particular urgencia en momentos en que, por muy diversas razones de política interna y de efectos de la inestabilidad económica internacional, pese a tener un diagnóstico claro y compartido por muchos sectores, no hay líneas precisas ni plazos definidos para la conducción del proceso de desarrollo económico y social de México.

Se advierte la dificultad de que un planteamiento integral de esa naturaleza surja de la Presidencia de la República o de alguna de las principales fuerzas políticas y sea acogido por el conjunto de la sociedad. Incluso hemos atestiguado la inoperancia de convocatorias surgidas de los niveles más altos del sector empresarial.

Ante la evidencia de liderazgos fracturados y diluidos, es apremiante conseguir a corto plazo la conformación de un liderazgo colectivo e incluyente que pueda integrar una propuesta para dar rumbo a la nación en la actual coyuntura mundial. ¡Ese es el reto!