Febrero 12, 2008

¿Un ‘déjà vu’?

Reconocer que la migración constituye un fenómeno mundial exige analizar sus diversas connotaciones generales y específicas.

Por un lado, destacan temas tan dolorosos como el maltrato del que son víctimas aquellos que llegan sin los documentos migratorios para abrirse paso en sociedades que, si bien requieren sus servicios, les niegan el derecho a un trato digno, a un permiso de trabajo, a un salario justo, a sentirse seguros en su cotidianidad. Lastima también que la gran mayoría de ellos abandonaron su patria porque no encontraron en ella trabajo, certidumbre, dignidad, oportunidad; por la ausencia de políticas públicas que los tomaran en cuenta.

Duele, igualmente, que se van los mejores ciudadanos, hombres y mujeres, emprendedores, trabajadores, decididos, valientes, habilidosos; jóvenes preparados, frustrados por la falta de estímulos y oportunidades para hacer efectivos los conocimientos que adquirieron. Indigna el hecho de que sus aportes no son apreciados en los países a los que llegan y a menudo se les echa en cara el costo de utilizar servicios públicos como la educación y la salud, a pesar de que pagan impuestos.

Se mantiene y propaga el prejuicio de que los trabajadores indocumentados sólo extraen beneficios pero no contribuyen a la formación de riqueza, como si el trabajo que realizan, aunque mal pagado, no se tradujera en beneficios para el país receptor, como lo demuestran múltiples estudios sobre el tema. Angustia que en los países expulsores existan comunidades fantasma, pobladas de ancianos y también de niños que sólo esperan crecer para emigrar. Preocupa el impacto de esa emigración sobre los países de origen en donde escasean trabajadores calificados, y a los que jóvenes educados en el extranjero no quieren regresar pues prefieren permanecer en donde encuentran mayores oportunidades y mejores ingresos.

Todos los anteriores aspectos que caracterizan globalmente el fenómeno migratorio duelen y preocupan seriamente, como lo hacen algunas de sus manifestaciones más concretas.

En Estados Unidos, la xenofobia y los sentimientos antimexicanos están ganando la partida. El fracaso de la reforma migratoria integral se ha traducido en la proliferación y endurecimiento de medidas locales, así como en incidentes fronterizos inaceptables. Recientemente, por ejemplo, en la zona de Tijuana la patrulla fronteriza estadounidense respondió a una agresión con piedras desde México, lanzando a través del ignominioso muro construido para desalentar los cruces indocumentados gases lacrimógenos y de pimienta.

En la Unión Europea el panorama no es mucho más alentador. De Irlanda a Bulgaria, de Finlandia a España, los centros de detención de indocumentados se multiplican. En la actualidad existen 224 en los que pueden internarse más de 30 mil extranjeros indocumentados que esperan su deportación, y en muchos de ellos las condiciones son más bien precarias y evocan horrores que pertenecen al pasado, como el hecho de que en el sur de Francia se haya habilitado uno de ellos en las instalaciones del que fuera uno de los más grandes campos de internación de judíos durante la Segunda Guerra Mundial.

Un estudio reciente del Parlamento Europeo describe cómo algunos de estos centros se asemejan a cárceles, con alambrados de púas y cámaras de vigilancia, y cómo muchos de ellos están infestados de enfermedades, carecen de servicios médicos apropiados y son teatro de asesinatos, incendios criminales y suicidios, además de que puede retenerse en ellos a los internos hasta por 18 meses, cuestiones todas ellas que violentan los derechos humanos de los indocumentados detenidos.

Estos son algunos ejemplos de la equivocada concepción y lo inadecuado del tratamiento a este fenómeno global que es la migración. Muros, campos de internamiento, gases, ¿un déjà vu?, ¡ojalá no!

Enero 29, 2008

AL y el derecho internacional público

Al surgir a la vida independiente, algunas naciones latinoamericanas se confrontaron sobre todo por razones limítrofes, y esos diferendos las llevaron a protagonizar conflictos bélicos. Entre esas luchas fratricidas destaca la Guerra del Pacífico que enfrentara a Chile con Perú y Bolivia en 1879, y cuyos nocivos efectos perduran hasta nuestros días dado que, como resultado de ella, Bolivia se vio privada de una salida al mar, cuestión que sin duda ha contribuido a dificultar el pleno desarrollo de este país.

Todavía en el siglo XX, la región fue víctima de varios conflictos armados en virtud de diferendos territoriales. Ejemplos de ello son la Guerra del Chaco, librada entre Bolivia y Paraguay en los años 1932 a 1935; la guerra entre Perú y Ecuador de 1941; y la Guerra del Futbol, también llamada “de las 100 horas”, protagonizada por Honduras y El Salvador, en julio de 1969.

Es interesante observar que el hecho de que aunque varios conflictos entre países latinoamericanos debieron resolverse por la indeseable vía de las armas, ello no impidió a la región acuñar importantes tesis de derecho internacional público, producto de la necesidad de encontrar mecanismos jurídicos de defensa frente a las múltiples debilidades institucionales y económicas de nuestras naciones.

Así, el jurista argentino Carlos Calvo sostuvo que quienes viven en un país extranjero deben realizar sus demandas, reclamaciones y quejas sometiéndose a la jurisdicción de los tribunales locales, evitando recurrir a presiones diplomáticas o intervenciones armadas de sus propios Estados o gobiernos.

De manera complementaria, en 1902 el entonces ministro de Relaciones Exteriores de Argentina, Luis María Drago, indignado por el acoso del que era objeto Venezuela por parte de Gran Bretaña, Alemania e Italia, estableció que ningún poder extranjero debería utilizar la fuerza contra una nación americana para cobrarse una deuda.

Las anteriores expresiones, reconocidas respectivamente como la Doctrina Calvo y la Doctrina Drago, constituyeron aportes relevantes al derecho internacional público que privilegia la utilización de instrumentos jurídicos por encima del ejercicio de la fuerza, en la solución de conflictos.

Pero estas referencias históricas no sólo reflejan la prácticamente tradicional postura latinoamericana al lado del derecho. Vienen, también, a colación porque actualmente los países de la región muestran nuevamente su preferencia por la solución pacífica de controversias. Basta señalar que de los 12 casos abiertos en la Corte Internacional de Justicia de La Haya, cinco han sido presentados por naciones de nuestra región.

Me refiero en primer lugar al denominado “caso Avena” sometido por México, el cual se refiere al esfuerzo de nuestro país para evitar que 51 compatriotas condenados a muerte en Estados Unidos sean ejecutados. Resalta el hecho de que desde la dictaminación, ninguno de ellos ha sido ejecutado.

Nicaragua por su parte, está involucrada en dos casos atendidos por la Corte a fin de resolver sendos litigios de límites marítimos con Honduras y Colombia, y en fecha reciente Perú demandó a Chile por un diferendo similar.

Otro caso, aunque distinto pues se trata de un asunto de carácter ambiental, es el relativo a la operación de fábricas de celulosa uruguayas, conocidas como “papeleras”, sometido a la Corte por Argentina con el argumento de que la descarga de sus desechos contamina el limítrofe río Uruguay.

Es alentador esperar que en la medida en que nuestra región continúe privilegiando el recurso a la Corte Internacional de Justicia para resolver pacíficamente sus controversias, reducirá el potencial de muchas de ellas para afectar las buenas relaciones que deben predominar entre países que comparten historia, valores, tradiciones y espacio geográfico.

Enero 15, 2008

Europa marcha hacia América Latina

Pausada pero sistemáticamente, la Unión Europea avanza en su acercamiento a América Latina. Ha firmado acuerdos amplios que incluyen comercio e inversión, primero con México y luego con Chile. Ha realizado una primera ronda de negociaciones con Centroamérica y una segunda con la Comunidad Andina de Naciones (CAN). Ha concertado una asociación especial con Brasil y está en busca de una vinculación con el Mercosur.

Los resultados de esta marcha de la Unión Europea como entidad política, económica y social hacia Latinoamérica no siempre son espectaculares en términos de volúmenes comerciales, inversiones directas o acciones de cooperación, pues en la agenda europea hay otros asuntos y regiones que demandan gran atención, pero revelan claramente una visión estratégica: sin dejar de reconocer su importancia mundial y el particular peso que tiene en nuestra región, Europa considera que Estados Unidos no puede tener a América Latina como su “patio trasero”. Esta certeza europea le permite establecer con fuerza su interés por Latinoamérica y el Caribe, sobre todo en momentos en que la atención estadounidense está puesta en los asuntos domésticos, con un proceso electoral que se advierte asaz complicado.

Si, como es tradicional, la política exterior ocupará poco espacio en los debates entre candidatos a la Presidencia de EU y, en todo caso, la discusión estará centrada en temas como la presencia militar en Afganistán e Irak, la paz en el Medio Oriente, la amenaza de proliferación nuclear y la lucha contra el terrorismo, todo parecería indicar que el campo está libre para que la Unión Europea mantenga su estrategia de avanzar hacia nuestra región.

Si algo hemos visto en Latinoamérica en los últimos tiempos es la multiplicación de las inversiones españolas, francesas, alemanas, inglesas y holandesas, entre otras. Pero esta marcha europea hacia América Latina plantea algo más que un regreso de los intereses del viejo continente y abre dos posibilidades reales.

La primera, tomar en serio la indispensable diversificación de los vínculos económicos de nuestros países, un reto especialmente difícil para México que pese a sus múltiples acuerdos comerciales internacionales no encuentra aún su equilibrio y mantiene su excesiva dependencia de EU. La segunda, incitar a los latinoamericanos a fortalecernos como bloque político-comercial para insertarnos con mayor peso en la globalización, lo que plantea también dificultades a nuestro país pues no hemos logrado avanzar en nuestra “latinoamericanidad”.

Así, mientras Europa marcha hacia Latinoamérica reconociendo y apoyándose en los esquemas de integración en nuestra región, México no marcha hacia el sur. Sus acuerdos con Chile o Centroamérica reconocen la importancia del comercio y la inversión, pero no muestran una verdadera intención de formar parte de una comunidad latinoamericana.

Urge formalizar nuestra asociación al Mercosur dejando de lado temores y recelos que hasta ahora han impedido un acuerdo de libre comercio entre México y ese grupo de países al que cada vez se unen más naciones sudamericanas. Urge aprovechar la invitación expresa que se ha hecho a México para incorporarnos como miembro asociado de la CAN, como lo ha hecho Chile. Urge impulsar, junto con el resto de América Latina, políticas públicas con profundas connotaciones sociales y distributivas para eliminar la pobreza y la desigualdad y adoptar mecanismos de solidaridad semejantes a los fondos de cohesión y estructura europeos.

Urge, en síntesis, que nos decidamos en favor de una auténtica integración latinoamericana a fin de consolidar a la región como un bloque en un mundo dominado justamente por bloques y países poderosos. ¿Por qué Europa cruza el Atlántico y México no se anima a cruzar el Darién?

Enero 1, 2008

¿Un año bisiesto?

Según el diccionario, bisiesto significa una variación de conducta. Está por verse si en 2008 pueden esperarse cambios notables en el escenario internacional. Empecemos por intentar una apretada referencia a sus aspectos más relevantes.

1. El panorama electoral en Estados Unidos se ve marcado por un alto grado de incertidumbre. Hasta el momento han predominado los ataques entre los aspirantes y poco se ha escuchado acerca de sus propuestas en materia de política exterior. Por su parte, el presidente Bush ya obtuvo los fondos para mantener su presencia en Afganistán e Irak y seguirá sin duda presionando a Cuba e Irán.

2. En la contienda política estadounidense el tema migratorio se ha posicionado como uno de los más importantes, pero sin un acuerdo nacional seguirán proliferando las acciones locales contrarias a los migrantes no documentados. El manejo de lo migratorio como un tema exclusivamente doméstico seguirá teniendo impactos sumamente negativos en nuestras relaciones bilaterales.

3. Por lo que toca a la parte sur de nuestro continente, es previsible que prevalezca el sordo forcejeo entre los proyectos políticos de Brasil y Venezuela. El primero en busca de mayor influencia económica, el segundo persiguiendo ampliar su enfrentamiento con Estados Unidos, al que momentánea y coyunturalmente se ha sumado Argentina. Mientras, la crisis boliviana podría desembocar en un intento secesionista de las provincias más prósperas y con menor peso relativo de la población indígena. Lo anterior será referencia inevitable para el proceso constituyente ecuatoriano.

4. Con la aprobación del Tratado de Lisboa, la Unión Europea se adentra en una nueva etapa del casi sexagenario esfuerzo de ensamble regional. Será muy interesante observar si los 27 logran mayor cohesión y consiguen fortalecer el papel de Europa en el proceso de globalización. No estarán ausentes la competencia por el liderazgo entre Alemania y Francia, ni las fricciones por la posible incorporación de Turquía al conjunto, y menos aún la desconfianza hacia el Reino Unido que, siempre dubitativo, no acaba de asumirse como europeo.

5. A nivel mundial, la preocupación por el cambio climático seguirá en ascenso ante las evidencias del deterioro ambiental y la multiplicación de las catástrofes “naturales”. No obstante, los mayores emisores de bióxido de carbono -Estados Unidos, China e India- difícilmente asumirán compromisos que reorienten los esquemas en los que sustentan el funcionamiento de sus economías.

6. Los Juegos Olímpicos en China serán un escaparate inmejorable para que el gigante asiático reitere su vocación de potencia mundial y atestiguaremos un enorme esfuerzo propagandístico para demostrar que cuenta con los recursos para lograrlo, al margen de cualquier preocupación por temas como la democracia o los derechos humanos.

7. En África, el recrudecimiento de la guerra civil en el Congo presagia nuevos horrores como los vividos en Ruanda, Darfur y otras regiones, ante la manifiesta incapacidad de los mecanismos multilaterales africanos y mundiales para evitarlos. Por lo pronto ya hay 400 mil refugiados.

8. En el ámbito de la política exterior de México, dos asuntos serán centrales para evaluar su desempeño: la determinación con la que lleve a cabo su campaña para formar parte del Consejo de Seguridad a partir de 2009, y su actuación como donante en la cooperación internacional para el desarrollo a partir de una agencia nacional especializada y con sólido fundamento jurídico.

Visto así, 2008 no parecería un año de grandes transformaciones en la escena internacional, pero no deben descartarse posibles sorpresas. Un viraje brusco de la economía mundial podría alterar el curso de los acontecimientos previsibles y modificar radicalmente el rumbo. Ojalá no sea el caso.

Diciembre 18, 2007

La indispensable congruencia

En los últimos días se han multiplicado las voces de alarma ante el fin de las cuotas compensatorias a las importaciones de calzado chino, afirmando que están en riesgo más de 2 mil empresas mexicanas y varias decenas de miles de empleos. De manera similar, hay numerosas expresiones de rechazo a la entrada en vigor de las últimas desgravaciones previstas en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte en el sector agropecuario, por considerar que tendrán un efecto catastrófico para cientos de miles de productores de maíz y frijol.

El público que se entera de estas situaciones a través de los medios de comunicación puede considerar que se trata de sorpresas sumamente desagradables por su potencial de daño a la economía nacional. Sin embargo, es importante recordar que el tema de las cuotas compensatorias al calzado chino se viene manejando desde 1993; que las decisiones al respecto se confirmaron en 1997 y que las cuotas se extendieron por cinco años a partir de diciembre de 2002. En el caso del TLCAN la reducción gradual de aranceles a las importaciones de maíz blanco y frijol, hasta su eliminación el 1 de enero de 2008, se pactó igualmente en 1993.

Es decir, han transcurrido catorce años desde que el gobierno mexicano asumió compromisos con potencial para afectar a los sectores productivos antes mencionados y lo único que resulta verdaderamente sorprendente es la ausencia de políticas públicas destinadas a evitar que se llegue a esta especie de callejones sin salida.

Desde luego no estoy pensando en levantar nuevos valladares para salvaguardar determinados sectores de la economía, sino en políticas de desarrollo agropecuario e industrial que a lo largo de los años debieron respaldar el incremento productivo en nuestro país, y en el fomento a acciones de diverso tipo que nos pudieron hacer competitivos. La aplicación exitosa de esas políticas y acciones se habría traducido en creación de empleos y generación de riqueza, permitiendo a la población adquirir los bienes que necesita, independientemente del lugar donde se producen.

A la frecuente suscripción de tratados internacionales y a nuestra incorporación a mecanismos como la Organización Mundial de Comercio (OMC), no siempre ha correspondido la puesta en práctica por parte del gobierno mexicano de medidas orientadas a conseguir su máximo aprovechamiento; todo se ha dejado a las fuerzas del mercado, actitud que no han asumido los países que hoy se presentan como grandes competidores en la escena global. Con diferencias de enfoque, todos ellos están procurando compensar los segmentos en los que tienen desventajas, con el impulso a otros en los que reúnen mejores condiciones para competir.

A la fecha, 151 países han ratificado su adhesión a la OMC en busca de reglas equitativas en materia de flujos comerciales. México lo hizo en 1995, junto con la mayoría de las naciones latinoamericanas, incluida Cuba. Es innegable que la OMC se encuentra en una etapa crítica y hay pesimismo respecto a los resultados finales de la ronda de Doha, pero también sería un error vulnerar este mecanismo multilateral o pretender el retorno a autarquías impensables en un mundo global. Hay mérito en los planteamientos clásicos de las ventajas comparativas.

Para que el conjunto de mexicanos pueda obtener satisfactores para una mejor calidad de vida es urgente la congruencia. El gobierno mexicano debe respaldar de manera decidida la modernización y el desarrollo acelerado de los sectores productivos en los que México reúne condiciones para competir con ventaja, tanto nacional como internacionalmente. Lo demás es pensar que podemos recrear un mundo que dejó de existir.

Diciembre 4, 2007

Convencionales… pero fatales

La vocación, como el movimiento, se demuestra andando. Los mexicanos hemos dado muestra de ello en materia de desarme de manera fehaciente a lo largo del tiempo no sólo apoyando diversas convenciones y medidas adoptadas al respecto en la ONU, sino impulsando instrumentos de gran envergadura como el Tratado de Tlatelolco, que permitió establecer en América Latina y el Caribe la primera zona desnuclearizada del mundo.

Sin embargo, nuestro interés no se detiene en la búsqueda de acuerdos destinados a restringir el uso de las armas de destrucción masiva, tanto nucleares como químicas y bacteriológicas, sino que abarca todo tipo de armamento convencional que cause daños indiscriminados y persistentes a la población civil.

Prueba de lo anterior es la activa participación del gobierno de México, junto con otros países, buscando impulsar la suscripción de un nuevo instrumento jurídicamente vinculante para este tipo de armamentos. Concretamente, se desea prohibir la producción, transferencia y almacenaje de las denominadas municiones en racimo cuya capacidad de daño se extiende en el tiempo y la hace equiparable a la de las minas antipersonal, afectando a seres humanos inocentes e inutilizando tierras dedicadas a la producción de alimentos. El número de víctimas y perjuicios causados en diversas partes del mundo por el uso de municiones en racimo, desde la Segunda Guerra Mundial hasta el año pasado en Líbano y sus dramáticas secuelas, han sido ampliamente comentados y documentados.

El foro para discutir este tipo de pertrechos es la denominada Conferencia de Examen de Estados Parte de la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales (CCAC). Sin embargo, el fracaso de su tercera edición, celebrada en Ginebra en noviembre del año pasado, llevó a que un grupo de países, México entre ellos, señalara la conveniencia de que el proceso para lograr un acuerdo sobre las municiones en racimo se llevara a cabo fuera del marco de la propia convención. Como resultado, Noruega lanzó en febrero del presente año el denominado Proceso de Oslo, cuya primera consecuencia fue una Declaración sobre Municiones en Racimo, adoptada por 46 estados, México y Perú por parte de América Latina, conforme a la cual se estableció el compromiso de concluir un instrumento jurídicamente vinculante al respecto, en 2008.

En seguimiento a lo anterior, en el presente año se han celebrado tres conferencias sobre el tema, en las ciudades de Lima, San José de Costa Rica y Belgrado, con una participación e interés crecientes de gobiernos y organizaciones internacionales, y este mes se efectuará una cuarta, en Viena. Tan notable activismo permite abrigar esperanzas de poder contar finalmente con una convención internacional sobre municiones en racimo.

Ciertos de que la diplomacia parlamentaria puede y debe acompañar a la de los gobiernos cuando se defienden intereses superiores, en la pasada Audiencia Anual ONU-Unión Interparlamentaria, los legisladores mexicanos que asistimos tuvimos la oportunidad de reiterar nuestro compromiso indeclinable a favor de cualquier esfuerzo encaminado a reducir el potencial de destrucción de vidas y bienes que tiene todo tipo de armas, para cuyo diseño y producción lamentablemente se invierten cuantiosos recursos que podrían aplicarse a apoyar el desarrollo de aquellos países con mayores rezagos y esas comunidades con enormes carencias económicas.

Personalmente estoy convencida de que la búsqueda de medidas destinadas a erradicar instrumentos bélicos que amenazan indiscriminadamente a las poblaciones civiles y militares debe convocar lo mejor de nosotros mismos: gobernantes, legisladores, expertos, académicos y organizaciones de la sociedad civil, a fin de alcanzar éxito. Ojalá sea el caso de las municiones en racimo y alcancemos, en 2008, la tan anhelada convención.

Noviembre 20, 2007

¿De la certificación a la dádiva?

Durante mucho tiempo, a pesar de la insistencia del gobierno mexicano, Estados Unidos rehusó aceptar sus responsabilidades como principal consumidor de estupefacientes del mundo y a cambio se erigió en férreo fiscal en esta materia, mediante el procedimiento conocido como “certificación”, el cual aunque no estaba dirigido exclusivamente a México provocó considerables tensiones entre los dos gobiernos, además de afectar severamente la imagen internacional de nuestro país.

Con la creación en la OEA del Mecanismo de Evaluación Multilateral (MEM) sobre el problema de las drogas, la agenda bilateral entre México y EU se “desnarcotizó” y pudieron privilegiarse otros temas de interés común. Sin embargo, diversas circunstancias de carácter no sólo nacional sino global han devuelto el tema del narcotráfico al centro de la agenda bilateral, esta vez más aparatosamente dado el nivel de violencia entre los cárteles que disputan las rutas que conducen al mayor consumidor de drogas.

Desde el inicio de su gestión, el presidente Calderón ha puesto el énfasis en el combate al crimen organizado y en su primer encuentro como jefe de Estado con el presidente Bush, en Mérida, le planteó la necesidad de una estrecha colaboración para librar esa lucha.

En respuesta, el mandatario estadounidense ha solicitado a su Congreso aprobar un primer paquete de ayuda a México por 500 millones de dólares para fortalecer técnica, logística y operativamente a los cuerpos que luchan contra las organizaciones criminales, incluido el Ejército nacional, y también para mejorar las instituciones de procuración de justicia. Según la letra del comunicado conjunto de la llamada Iniciativa Mérida, nuestro gobierno recibiría la ayuda mencionada sin mayores condicionamientos.

Hay que señalar que detrás de la solicitud del Ejecutivo estadounidense está su inquietud por el potencial que tiene el narcotráfico de afectar su seguridad nacional, centro de su agenda nacional desde septiembre de 2001. No obstante, queda en el aire la pregunta acerca de cómo transitamos de la certificación a la dádiva, sin pasar por un verdadero compromiso de cooperación que atienda la reducción del consumo y ataque el trasiego ilegal de armas y recursos destinados a los productores y traficantes de drogas. Además, numerosas voces han manifestado en nuestro país su preocupación porque la puesta en práctica de esa iniciativa pueda abrir la puerta al retorno de un esquema de supervisión.

Las cuestiones anteriores comenzaron a tener respuesta el miércoles pasado en la primera audiencia sobre el tema en Congreso estadounidense, en la cual los legisladores estadounidenses expresaron su molestia por no haber sido incluidos en la negociación y cuestionaron la validez del enfoque con argumentos tales como: “la legendaria corrupción del aparato policiaco mexicano”, la posibilidad de que la capacitación se transfiera al crimen organizado y la resistencia del Ejército mexicano a la supervisión del uso de los equipos que aporte Estados Unidos, sin la cual su Congreso no aprobará la medida.

De manera adicional algunos congresistas, tanto demócratas como republicanos, manifestaron su preferencia porque los fondos se destinen a reducir la demanda interna de drogas y a controlar el flujo de armas a México, en lugar de otorgar asistencia externa.

Como se puede advertir, el camino para la concreción de la iniciativa puede ser largo y estar plagado de riesgos para la relación bilateral. Al respecto, es muy importante señalar que el subsecretario de Estado para Latinoamérica manifestó en la citada audiencia que podría establecerse “un mecanismo de vigilancia y rendición de cuentas con México para transparentar el uso de los recursos”, lo que podría representar el regreso a la certificación por la vía de la dádiva.

Noviembre 6, 2007

Por los caminos del sur

No hay semana en que no recibamos noticias de Sudamérica y podamos apreciar que están teniendo lugar ahí hechos que ameritan un cuidadoso seguimiento, particularmente por parte de nuestro país.

El triunfo de Cristina Fernández en la contienda presidencial argentina, representando al amplio espectro de organizaciones de izquierda aglutinadas bajo el paraguas del peronismo, confirma el aval político de los ciudadanos a la orientación iniciada por su marido, Néstor Kirchner. Sin embargo, no se trata de un acontecimiento que deba verse de manera aislada, toda vez que consolida una tendencia regional de búsqueda de nuevas formas de afrontar añejos problemas económicos y sociales.

Hace apenas unos días se anunció, nada menos que en Washington, la formalización del Banco del Sur liderado por Venezuela, al que se han unido Brasil, Argentina, Colombia, Bolivia, Uruguay, Ecuador y Paraguay, con Chile como observador. Se trata de una iniciativa encaminada a sustituir la influencia del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional en las decisiones de política económica de los países de América Latina, pues según se ha dicho eventualmente abarcará a Centroamérica, México y el Caribe.

En el campo de los energéticos, la empresa brasileña Petrobras ya ocupa un lugar destacado, por su producción, las alianzas que ha ido estableciendo y, sobre todo, la capacidad tecnológica que ha desarrollado.

Argentina visualiza un futuro halagüeño en el desarrollo de los biocombustibles y, por lo pronto, experimenta un gran alivio económico a partir del alza de los precios de los granos que produce.

Chile es un ejemplo de aprovechamiento óptimo de sus tratados de libre comercio, y sus productos se encuentran cada vez más en los anaqueles de las tiendas departamentales de un gran número de países.

Mientras tanto, el presidente ecuatoriano Rafael Correa viaja a España para invitar a sus paisanos emigrantes a retornar e incorporarse a las tareas de la construcción del “nuevo Ecuador”.

Venezuela, Bolivia y el propio Ecuador están inmersos en cambios profundos a sus Constituciones, mediante procesos que, a pesar de ser conducidos por cauces formalmente democráticos, no dejan de generar preocupaciones acerca de la posibilidad de abrir el camino a presencias caudillistas y autoritarias.

Todo lo anterior sin olvidar que sigue en marcha la conformación de la Comunidad Sudamericana de Naciones, proyecto que se viene gestando desde hace tres años, con la simpatía de 12 de los gobiernos del área, y mediante el cual se busca avanzar hacia una integración subregional.

Es innegable que todos los países de Sudamérica, al igual que el resto de América Latina, confrontan en grado diverso severos problemas de pobreza y desigualdad, en varios casos incluso acentuados por la presencia de grandes grupos indígenas históricamente marginados, y que la solución a los problemas de falta de educación, infraestructura, diversificación productiva y otros muchos más exige no sólo voluntades personales, sino procesos crecientemente innovadores.

Lo anterior es cierto tanto a nivel de países individuales como de aquellos que deciden integrarse para llevar a cabo esfuerzos colectivos adicionales con miras a elevar la calidad de vida de sus sociedades. En ambos casos el sendero nunca estará exento de obstáculos y sobresaltos, por lo que la persistencia en la tarea y la permanente revisión de planes nacionales de desarrollo y contenidos de acuerdos de integración constituyen imperativos impostergables.

Ante la intensa dinámica política y económica que se observa en Sudamérica, es imposible dejar de preguntarse cuándo empezará México a recorrer en verdad los caminos del Sur, a integrarse, a hacer honor a sus raíces históricas y culturales, a aprovechar las ventajas de la vecindad continental.

Abril 3, 1998

3 de abril de 1998. Colegio de la Defensa Nacional.

Palabras de la Emb. Rosario Green,
Secretaria de Relaciones Exteriores de México, en el Colegio de la Defensa Nacional.

General de Brigada, Rafael Paz del Campo, Director del Colegio de Defensa Nacional;
Señoras y señores:

Agradezco a las autoridades del Colegio de la Defensa Nacional su invitación para comentar las políticas y estrategias que la Secretaría de Relaciones Exteriores ha puesto en marcha, dentro de su ámbito de competencia, para fortalecer el desarrollo nacional. Celebro esta iniciativa que busca fomentar la comunicación y el intercambio de puntos de vista entre la Cancillería y la Secretaría de Defensa Nacional.

Política exterior fundada en principios
Como ustedes saben, la nuestra es una política exterior de principios, de validez universal, sustentados en nuestra historia, en nuestra geografía y en nuestras convicciones. Por ello, desde 1988, se incorporaron a nuestra Carta Magna los principios de la autodeterminación de los pueblos, de no intervención, de solución pacífica de las controversias, de proscripción de la amenaza o del use de la fuerza en las relaciones internacionales, de la igualdad jurídica de los Estados y del fomento de la cooperación para el desarrollo y la lucha por la paz y la seguridad internacionales.

La vigencia de estos principios trasciende su carácter doctrinario: son también base fundamental para dar continuidad y congruencia a la conducción de una política exterior que ha dado prestigio a la actuación de México en el ámbito internacional y que ha contribuido a la promoción y defensa de nuestros intereses nacionales.

Objetivos de la política exterior
Nuestra política exterior requiere de la necesaria flexibilidad de objetivos y estrategias para enfrentar los desafíos de un sistema internacional en perpetua transformación. La participación de México en este escenario, caracterizado por una creciente interdependencia entre las naciones, se guía por el ejercicio irrenunciable de una política exterior independiente y soberana.

En este sentido, el gobierno de la República estableció, en el Plan Nacional de Desarrollo, cinco objetivos básicos de política exterior.
• Fortalecer la capacidad del Estado para garantizar nuestra seguridad nacional y el imperio de la ley en todo el territorio mexicano.
• Recuperar, preservar y hacer valer la nueva estatura política y el mayor peso económico de México frente a los centros de la economía mundial y en los foros multinacionales.
• Asegurar que la política nacional exterior en los consensos bilaterales, multilaterales y de cooperación, respalde y refleje efectivamente los intereses del país.
• Renovar la política exterior para asegurar una vinculación profunda entre las comunidades de mexicanos y de origen mexicano en el exterior, con el país, sus desafíos y sus éxitos, su cultura y su sentido de pertenencia. Propiciar la defensa de la calidad de vida y de los derechos de los mexicanos que viven fuera del país.
• Promover posiciones internacionales acordes con las transformaciones internas y, en su caso, con el principio de corresponsabilidad entre naciones en torno a los grandes temas mundiales de la posguerra fría: la estabilidad financiera internacional, el libre comercio, la migración, la democracia, los derechos humanos, el narcotráfico, el terrorismo y el cuidado del medio ambiente.

Estos objetivos guían nuestras acciones para consolidar y ampliar la presencia del país en el escenario mundial; estrechar nuestros lazos con países y foros de distintas regiones; influir de manera más decisiva en las transformaciones globales; y explorar nuevas oportunidades para fortalecer nuestra comunicación y entendimiento con las diversas regiones del mundo. Constituyen, asimismo, la estrategia fundamental que orienta las acciones de la diplomacia mexicana.

Fortalecimiento de nuestra presencia internacional
La ubicación geopolítica de México nos permite relacionarnos con diversos polos de desarrollo y nos confirma como país de pertenencias múltiples: somos socios de Canadá y Estados Unidos en el marco del Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN); participamos decididamente en el mecanismo de APEC en la Cuenca del Pacífico; somos el único país latinoamericano que es miembro fundador del BERD; suscribimos, el pasado ocho de diciembre, un Acuerdo de Asociación Económica, Concertación Política y Cooperación con la Unión Europea, somos miembro de pleno derecho de la OCDE; y promovemos la integración de las naciones de América Latina, a través de una amplia red de acuerdos comerciales y una decidida participación en los mecanismos de concertación regional.

Por medio del impulso decidido a esta estrategia de diversificación, México busca aumentar su influencia en los ámbitos que son de particular importancia para nuestra seguridad nacional y nuestros planes de desarrollo. La principal meta es aprovechar las ventajas que ofrece la interdependencia para fortalecer nuestra participación en la esfera política, económica y tecnológica, en beneficio de nuestros intereses.

Acción multilateral de México
Los cambios recientes en el entorno internacional obligan a reestructurar el actual sistema multilateral de concertación. México busca que, al reformarse, la nueva estructura de la ONU refleje los intereses mayoritarios de sus miembros y no sólo la visión de un grupo reducido de países, por poderosos que sean.

Impulsamos iniciativas y favorecemos la reforma para garantizar que el Sistema de Naciones Unidas adopte sus decisiones de forma más democrática y que refleje un mayor equilibrio entre sus órganos principales. En particular, participamos activamente en las negociaciones destinadas a reformar el Consejo de Seguridad a fin de adecuar este foro a una situación internacional radicalmente distinta a la que le dio origine hace más de medio siglo. La reforma, en todo caso, no debe orientarse por motivos financieros, sino por necesidades internas de la Organización y con base en las prioridades que establezcan todos los Estados miembros.

La convicción de México en el papel de los foros multilaterales se ejemplifica con la convocatoria, a iniciativa nuestra, de una Sesión Extraordinaria de la Asamblea General de la ONU, que tendrá lugar del 8 al 10 de junio próximo, a fin de concertar los esfuerzos de la comunidad de

naciones ante uno de los más grandes peligros para la seguridad internacional de nuestros días: el narcotráfico. El gobierno mexicano buscará que este complejo se examine a profundidad y de manera integral, con el objetivo de tomar medidas que, a través de una mayor colaboración internacional, y con estricto respeto a la soberanía de los Estados, coadyuven a combatir este fenómeno, así como los crímenes conexos al mismo.

AI adoptar esta iniciativa, el Gobierno de México reafirma su convicción de que un problema de la naturaleza, complejidad y alcance como es el narcotráfico requiere de la acción concertada de la comunidad de naciones. Por ello, buscaremos privilegiar la consideración de este problema dentro del ámbito multilateral.

En el ámbito interamericano, el gobierno mexicano reconoce la necesidad impostergable de revitalizar la Organización de Estados Americanos, a fin de garantizar que este foro sea el instrumento idóneo para dirimir problemas y aprovechar oportunidades dentro de un espíritu de creciente solidaridad hemisférica.

La Carta de Bogotá suscrita hace 50 años logró ser un marco jurídico primordial para regular la concertación entre los países de nuestro continente. Hoy, sin embargo, el escenario internacional ha experimentado una transformación capital, por lo que es necesario actualizar su funcionamiento a las nuevas condiciones mundiales de fin de siglo.

Una de las funciones más relevantes de la OEA consiste en auspiciar la cooperación hemisférica. Con la creación, hace dos años, del Consejo Interamericano para el Desarrollo Integral (CID¡), se tiene el propósito de avanzar hacia una mayor movilidad de empresarios, científicos y artistas entre los países de nuestro Continente. El gobierno mexicano continuará promoviendo la cooperación hemisférica a través de la reciente creación, dentro de la Secretaría de Relaciones Exteriores, del Instituto Mexicano de Cooperación Internacional.

Como país comprometido con las mejores causas de la paz y la seguridad internacionales, México es un constante promotor de iniciativas que fomenten la proscripción del use de armas en el mundo. En este sentido, impulsamos decididamente la Convención Interamericana contra la Producción y Tráfico ¡lícito de Armas de Fuego, Municiones, Explosivos y otros Materiales Relacionados que próximamente, por cierto, estará lista para ser presentada en el Senado de la República.

Relación de México con las regiones del mundo

América del Norte
La prioridad que representa para México la relación con América del Norte deriva no sólo del hecho de que Canadá y

Estados Unidos son la primera y séptima potencias económicas a nivel internacional, sino de la intensidad de nuestros nexos con ambos países, derivada de la próximidad geográfica y de los valores que compartimos.

Desde que entró en vigor, el TLC ha tenido un efecto regional muy positivo. No sólo miles de empleos han sido creados como resultado del acuerdo, sino que el comercio trilateral ha crecido aproximadamente un 13 por ciento cada año.

El TLC también ha demostrado ser un elemento valioso para resolver las diferencias que surgen naturalmente en una relación intensa y compleja entre tres socios comerciales con distinto nivel de desarrollo.

Estados Unidos
Con Estados Unidos compartimos una frontera de más de tres mil kilómetros, la más larga y activa en el planeta con cerca de un millón de cruces de personas al día. Las relaciones entre nuestros países poseen una complejidad muy peculiar a nivel mundial y se caracterizan por su naturaleza asimétrica.

La vecindad con la principal potencia militar y económica del mundo ha propiciado la continua reafirmación de nuestra independencia y el fortalecimiento de nuestro sentido de la soberanía, máxima prioridad de nuestra política exterior. Por ello, con Estados Unidos alentamos un entendimiento respetuoso en lo político y fructífero en lo económico. La cercanía nos brinda ventajas sobre otros países para promover la cooperación y el intercambio fundados siempre en le respeto y el beneficio mutuo.

Con Estados Unidos realizamos 70 por ciento de nuestros intercambios comerciales y recibimos el principal flujo de inversión extranjera directa. Actualmente, México es el segundo mercado más importante para las exportaciones estadounidenses, con una creciente importancia en sus círculos empresariales, políticos a intelectuales.

En los últimos años, hemos impulsado una política que promueve un enfoque objetivo y equilibrado de los múltiples temas que integran la agenda bilateral, y que privilegia la cooperación y la solución de diferencias a través de la consulta y de los mecanismos institucionales establecidos. Con ello, buscamos evitar que el conjunto de la agenda bilateral se vea afectado por diferencias o fricciones surgidas en un ámbito específico.

Nuestra posición frente a los Estados Unidos no se fundamenta en la discrepancia sistemática, ni, por supuesto, en el apoyo incondicional o la sumisión. Por el contrario, privilegiamos y fomentamos la cooperación fundada siempre en la corresponsabilidad y el respeto irrestricto al derecho internacional.

Nuestra estrategia se orienta al fortalecimiento del diálogo institucionalizado en todos los niveles de la relación, a través de mecanismos como la Comisión Binacional, que incorpora a la mitad de los gabinetes de México y Estados Unidos, las Reuniones 1nterparlamentarias y los contactos entre los titulares del poder ejecutivo de ambas naciones.

En el amplio abanico de temas que conforman nuestra relación con Estados Unidos hay dos que merecen atención especial por su carácter controvertido: el narcotráfico y la migración.

Ambos países enfrentamos con esfuerzo decidido la lucha contra el narcotráfico. Este fenómeno amenaza las instituciones, el estado de derecho y pone en riesgo la salud de pública de ambas sociedades.

Como resultado de la Alianza contra las Drogas, suscrita por los presidentes Zedillo y Clinton en mayo de 1997, y con base en el trabajo realizado por el Grupo de Contacto de Alto Nivel para el Control de Drogas, nuestros países dieron a conocer, en febrero pasado, la Estrategia Bilateral de Cooperación
contra las Drogas México Estados Unidos.

Esta estrategia se desarrolló con pleno respeto a la soberanía y jurisdicción territorial de México y Estados Unidos. La definición de las áreas de colaboración fue determinada por los Presidentes de ambas naciones para complementar los programas nacionales de control de drogas vigentes en cada país. Su propósito fundamental es fortalecer la cooperación bilateral necesaria para enfrentar este flagelo mediante acciones concertadas y en un marco de corresponsabilidad.

La salvaguarda de los derechos de los mexicanos en el exterior es objetivo prioritario de la política exterior de México, por tanto, la migración es un tema de enorme relevancia en la relación bilateral con Estados Unidos.

En mayo pasado, los titulares del ejecutivo en ambos países suscribieron una Declaración Conjunta sobre Migración que establece el derecho soberano de cada nación para aplicar sus leyes con estricto apego al derecho internacional, el pleno cumplimiento del Memorándum de Entendimiento sobre Protección Consular de 1996, así como una visión integral del fenómeno migratorio que tome en cuenta la complejidad de nuestra frontera y la dignidad de la persona humana.

México considera que el tratamiento bilateral del tema debe sustentarse en un enfoque global compartido y, sobre todo, objetivo. El Estudio Binacional sobre Migración, en el que participaron destacados académicos de ambos países y dado a conocer recientemente, será de gran utilidad para desterrar visiones deformadas y promover una mejor comprensión del fenómeno migratorio.

Comprometido con la defensa de los intereses e integridad de nuestros connacionales, el gobierno mexicano llevó a cabo una reforma constitucional sobre la no pérdida de la nacionalidad mexicana que entró en vigor el 20 de marzo pasado. Dicha disposición tendrá importantes implicaciones, toda vez que los nacionales mexicanos radicados en el extranjero podrán encontrar mejores mecanismos para defender sus derechos en los países donde residan.

Canadá
Canadá es un socio privilegiado para México. Con ese país comienza nuestra estrategia de diversificación internacional. Por eso, hemos incrementado el nivel e intensidad de nuestros intercambios, aprovechando la importancia que los nexos entre nuestros países tiene para el futuro de la región norteamericana.

La naturaleza complementaria de nuestras estructuras productivas es la base del intenso intercambio comercial, que aumentó un 70 por ciento desde la entrada en vigor del TLC. Esta vinculación económica, tiene como fundamento la convergencia de nuestras acciones de política exterior. Ambas naciones coinciden en sus posiciones sobre temas relevantes de la agenda hemisférica como la promoción del libre comercio y el tratamiento integral al fenómeno de la migración.

América Latina
Con América Latina y el Caribe estamos hermanados por razones políticas, culturales a históricas, por eso, esta vasta comunidad seguirá estando a la cabeza de nuestras prioridades en política exterior. En los próximos anos continuaremos fortaleciendo nuestros lazos a través de acciones concretas que impulsen el libre comercio y revitalicen el diálogo político en el área.

La evolución de los procesos democráticos en la región y la coincidencia en los programas de reforma económica de los países latinoamericanos han permitido fortalecer nuestros nexos tradicionales. Hoy, nuestras economías impulsan reformas caracterizadas por la disciplina fiscal y monetaria, la apertura como un medio para integrar mercados más amplios y competitivos y el cambio estructural. AI mismo tiempo, como correlato político de la liberalización económica, nuestras instituciones democráticas se han consolidado como quizá nunca antes en la historia.

La relación con América Central, nuestra frontera territorial al sur, reviste una importancia crucial para la estabilidad de México. En esa zona promovemos una “Asociación Privilegiada” de notable vigor, con base en los compromisos que plantea el “Mecanismo de Tuxtla” en temas políticos y de cooperación.

Con el Caribe, México ha promovido un esquema de integración abierto mediante el establecimiento de la Asociación de Estados del Caribe (AEC) cuyo objetivo es consolidar un área de prosperidad compartida, como base para el desarrollo, la preservación de la paz y la estabilidad.

Nuestros vínculos con Cuba seguirán caracterizados por nuestra tradicional relación de amistad, por ello, exploramos nuevas alternativas de cooperación y posibilidades de negocios. Asimismo, respaldamos la plena incorporación de la isla a los mecanismos de concertación a integración regional.

Con América del Sur buscamos fortalecer aún más nuestras cordiales relaciones políticas. Estamos negociando la suscripción de acuerdos de libre comercio con Perú y Ecuador y, el mes pasado, suscribimos un acuerdo de libre comercio con Chile que perfecciona el anterior Tratado de Complementación Económica y da mayor certidumbre a nuestros intercambios.

El Mercosur se perfila como el más importante polo económico de la América Austral. Esta semana regresé de una visita a tres de los cuatro países que lo conforman y pude constatar el interés por concluir, lo más pronto posible, las negociaciones comerciales que nos permitan un mayor acercamiento.

Nuestro país ha seguido contribuyendo a la promoción de una integración económica basada en el regionalismo abierto. Así, hemos suscrito acuerdos de libre comercio con siete naciones del continente y negociamos actualmente convenios similares con otros países de la región.

A lo largo de esta década, el comercio interregional casi se ha triplicado y el hemisferio se encuentra interconectado por más de 30 tratados de libre comercio a inversión. En el

marco de la ALADI, a la fecha disponemos de una red de 97 acuerdos en vigor sea en el ámbito bilateral, regional o multilateral.

En cuanto a la participación de México en los mecanismos multilaterales de concertación política damos un impulso decidido a la Conferencia Iberoamericana que se ha convertido en un importante foro de diálogo entre países con una herencia cultural común. Fortalecemos este mecanismo para que se convierta en un promotor eficaz del interés de sus integrantes en la construcción del nuevo escenario internacional, de cara al próximo siglo. Asimismo, mantenemos una participación activa en el seno del Grupo de Río para consolidarlo como el mecanismo de concertación política más importante de la región y para afirmarlo como un interlocutor privilegiado con otras regiones del mundo.

En el marco de la relación América Latina y la Unión Europea, nuestro país desempeña un papel relevante en la preparación de la próxima reunión Cumbre en Río de Janeiro, que se realizará durante el primer trimestre de 1999 y que se abocará a la consideración de temas de suma importancia para nuestros vínculos, como son los políticos, económico-¬comerciales y educativo culturales.

Europa
Europa ha sido motor de muchas de las transformaciones del sistema internacional y seguramente desempeñará un papel de primer orden en el diseño de la nueva realidad mundial. La relación de México con Europa ha recibido un gran impulso en la última década ya que constituye un factor de equilibrio para nuestra política exterior.

Uno de los principales objetivos de nuestra política exterior consiste en hacer valer la estatura política de México en los centros de economía mundial. En este sentido, nuestra relación con Europa posee un carácter estratégico, pues en el marco del actual reacomodo político internacional, ese continente ganará cada vez más terreno en la toma de decisiones de toda índole.

La Unión Europea es actualmente el segundo socio comercial a inversionista en nuestro país. Los intercambios con esas 15 naciones representan cerca del 10 por ciento de nuestro comercio total con el exterior y son origen de la quinta parte del total de capitales que se canalizan hacia nuestra economía.

En 1991, México suscribió un Acuerdo de Cooperación con la Unión Europea, que fue considerado el más completo que ese bloque de países hubiera suscrito con una nación latinoamericana. Dicho instrumento continua regulando el intercambio bilateral y abarca los más diversos sectores de la relación. No obstante, la propia dinámica de nuestros vínculos hizo que este acuerdo resultara insuficiente para proyectar nuestros lazos hacia el futuro.

Por ello, la UE y México iniciamos negociaciones para establecer un Acuerdo de Concertación Política, Asociación Económica y Cooperación que nos permita profundizar nuestros nexos políticos, perfeccionar nuestros mecanismos de diálogo, impulsar el intercambio económico y propiciar nuevas iniciativas de cooperación.

Como resultado de las rondas formales de negociación se cuenta hoy con tres documentos: el Acuerdo Interino, que establece el mecanismo de negociación de la liberalización comercial; el Acuerdo Global, que incluye los capítulos relativos al diálogo político y a la cooperación y, finalmente, la Declaración sobre Servicios, que establece los principios que orientarán las negociaciones para la liberalización de los servicios en el marco de las negociaciones comerciales.

El 8 de diciembre de 1997, las partes suscribieron dichos acuerdos, que actualmente se encuentran sometidos a la consideración tanto de los parlamentos europeos como del Senado mexicano y están fundados en el respeto a los derechos humanos y los principios democráticos que ambas partes han acordado.

Durante mi reciente viaje a Bruselas, la Comisión Europea presentó al Consejo de Ministros las directivas de Negociación Ampliadas que, una vez aprobadas, permitirán iniciar negociaciones para la liberalización bilateral, preferencial, progresiva y recíproca del comercio de bienes y servicios entre México y la Unión Europea.

Estas negociaciones establecerán las condiciones para la apertura de los dos mercados a compras públicas, movimientos de capitales y permitirán adoptar disciplinas de competencia y propiedad intelectual.

Pronto comenzaremos negociaciones con la Unión Europea para establecer el Comité Conjunto definido en el Acuerdo Interino que permitirá negociar reglas y disciplinas comerciales con el fin de que puedan ser aprobadas en paquete; este proceso puede calificarse como un equivalente europeo del “fast track estadounidense”.

Tanto para la Unión Europea, como para México, este instrumento no tiene precedentes: México ha firmado acuerdos de libre comercio que no incluyen temas políticos ni de cooperación. La Unión Europea tiene diversos tipos de acuerdos, pero en ningún caso había suscrito un acuerdo similar con un país no europeo. Los acuerdos más amplios que la Unión Europea tiene ahora son los de asociación con países europeos que están en espera de incorporarse como Estados miembros.

En todo momento México buscará que el resultado de las negociaciones refleje el interés nacional y facilite el desarrollo de las relaciones con Europa en todos los ámbitos para que sus características redunden en beneficio mutuo.

Cuenca del Pacífico
A pesar de la crisis financiera que recientemente dañó varias de las economías de la región, el conjunto de países ribereños de la porción oriental del Océano Pacífico, siguen constituyendo un importante polo de desarrollo económico a nivel mundial. Esa zona se ha convertido en una de las áreas de más dinámico crecimiento en los últimos años y en uno de los más importantes centros comerciales, financieros y tecnológicos en el planeta. Por todo ello, la Cuenca del Pacífico está llamada a convertirse en un espacio de vinculación económica, concertación política y una fuente básica de tecnología avanzada.

Esta zona engloba los esfuerzos del 38 por ciento de la población mundial en una área que produce el 55 por ciento del Producto Mundial, y donde se realiza más del 50 por ciento del comercio. Hoy, México busca aprovechar a cabalidad las oportunidades que se abren en esa región.

El intercambio de México con el Pacífico, sin incluir Estados Unidos y Canadá, se ha casi cuadruplicado en los últimos 10 años. Sin embargo, el comercio ha sido deficitario para nuestro país, situación que debemos tratar de revertir en los próximos años.

Consciente del enorme potencial que se deriva de nuestra vinculación con esa región, México ha seguido una estrategia de acercamiento sustentada en dos vertientes fundamentales: por un lado, hemos incrementado en número y en nivel nuestra presencia diplomática en el área. Por el otro, nos hemos integrado a los foros multilaterales del Pacífico. Así, en 1989 ingresamos al Consejo Económico de la Cuenca del Pacífico (PBEC); en 1991 al Consejo de Cooperación Económica del Pacífico (PECC); y en 1993 al Mecanismo de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC), del cual fuimos el primer país latinoamericano en ser admitido.

Nuestra participación en APEC es una herramienta privilegiada para consolidar la presencia de México en esa región, como parte de nuestra política de diversificación. AI igual que los otros países miembros, estamos comprometidos con la liberalización del comercio, la promoción de la inversión, el desarrollo compartido de la tecnología y el aliento a la cooperación, tomando siempre en cuenta los diferentes niveles de desarrollo de los países que lo conforman.

De nuestra participación en APEC esperamos el incremento sustancial de nuestro comercio y nuestra inversión en el Pacífico. Esta política busca, en primer lugar, contribuir al desarrollo económico de México y, en segundo lugar, lograr el objetivo compartido por los países miembros de establecer, a más tardar el año 2020, una zona de libre comercio a inversión.

Japón y China son naciones que en el próximo siglo no harán sino aumentar su influencia política y económica en el planeta. La importancia de nuestros contactos comerciales y financieros con el Japón condujo al establecimiento de la Comisión Siglo XXI mediante la cual procuramos precisar las áreas y los mecanismos que nos permitan orientar nuestra relación en condiciones relevantes hacia el siglo venidero.

Africa y Medio Oriente
México no ha escatimado esfuerzos para mantener y profundizar una presencia razonada en cada rincón del mundo. Hasta hace poco, nuestro país orientó sus relaciones con los países de Africa y Medio Oriente a la búsqueda de posiciones comunes en foros multilaterales. Esta actitud fortaleció nuestros nexos políticos con diversos países de esas zonas. Sin embargo, en la mayoría de los casos, el contenido de nuestras relaciones bilaterales continúa siendo modesto.

En nuestras relaciones con Oriente Medio destaca los estrechos lazos que hemos forjado con Israel, con quien mantenemos un importante intercambio tecnológico y educativo. Actualmente, ambos países tienen la intención de suscribir un Acuerdo de Libre Comercio que imprima un mayor vigor al comercio bilateral.

En lo general, México analiza modalidades que permitan superar los obstáculos derivados de la lejanía geográfica y del mutuo desconocimiento, con el fin de llevar a la práctica diversos programas de cooperación con Africa y Oriente Medio, que la Cancillería está diseñando.

Retos de nuestra política exterior
Ahora bien, nuestra política exterior se enfrenta a una nueva dinámica en el mundo contemporáneo que supone serios desafíos a nuestra diplomacia. Sin pretender ser exhaustiva, quiero referirme a tres retos generales que seguramente trascenderán el siglo en que vivimos:
El peligro de que la globalización pretenda traducirse en un concepto que otorgue legitimidad a la intromisión en asuntos internos de los Estados.

Nuestra política exterior tendrá como uno de sus propósitos fundamentales evitar que se utilicen pretextos inadmisibles para vulnerar la soberanía de los Estados.

AI propio tiempo, mantendremos y fortaleceremos lazos con todos los actores del quehacer internacional, incluyendo los no gubernamentales, y haremos valer la importancia del respeto absoluto a los ordenamientos internos de los países.

El narcotráfico se ha convertido, en los últimos años, en una verdadera amenaza a la seguridad de las naciones y a la salud pública de sus ciudadanos. Frente a las múltiples y crecientes ramificaciones de este problema, el mundo, en este momento, carece de una acción internacional coordinada para combatirlo. Por esta razón, México esta empeñando su mayor esfuerzo para que la próxima Conferencia Extraordinaria de la Asamblea de la ONU examine las vías más eficaces para atacar ese flagelo, de acuerdo a la responsabilidad específica que deba atender cada sociedad.

Uno de los retos más importantes que enfrenta el mundo de cara al siglo XXI es la creciente polarización entre la opulencia y la miseria. Actualmente, la cuarta parte más rica de la humanidad dispone de un ingreso similar al que tienen las tres cuartas partes restantes. La naturaleza del actual sistema de distribución de riqueza y las vías de acceso a la educación, la salud, la alimentación y la vivienda que hoy prevalecen, tienden no sólo a perpetuar esa situación sino a ensanchar la brecha que separa a los ricos de los pobres. México busca que el sentido común se imponga y que los países más desarrollados se percaten de que sus opulentas sociedades no podrán vivir seguras y sin asechanzas en este entorno de pobreza.

México está inserto en un entorno global en el que confluyen nuevos desafíos. Para enfrentarlos contamos con la firme voluntad de acrecentar nuestra presencia internacional en todos los ordenes.

Asumimos nuestra responsabilidad, conscientes de que la nueva arquitectura mundial será resultado de la acción conjunta de los Estados. Lo hacemos, además, con la plena certidumbre que nos brinda saber que la congruencia entre nuestros principios, objetivos y estrategias continuará dando a nuestra política exterior el prestigio que se ha ganado en el concierto de las naciones.

La política exterior de México seguirá teniendo como objetivo central fortalecer la capacidad de decisión del Estado mexicano. Puertas adentro, esta capacidad está sustentada en el diálogo, la democracia, el imperio de la ley y el esfuerzo productivo de los mexicanos. Puertas afuera, se apoya en la acción de nuestra diplomacia para crear oportunidades y promover nuestros intereses y valores. Mediante el use apropiado de nuestras capacidades en el escenario internacional, la política exterior mexicana seguirá contribuyendo a la construcción del país vigoroso, justo y democrático al que todos aspiramos.

 

Abril 2, 1998

2 de abril de 1998. Universidad Iberoamericana

Palabras de Rosario Green,
Secretaria de Relaciones Exteriores,
durante el XV Aniversario de la Licenciatura
en Relaciones Internacionales,
Universidad Iberoamericana.

Maestro Enrique González Torres,
Rector de la Universidad Iberoamericana;

Profr. Ricardo Macouzet Noriega,
Coordinador del Departamento de Estudios Internacionales;

Lic. Agustín Gutiérrez Canet,
Director del Departamento de Estudios Internacionales;

Distinguido cuerpo docente;

Señoras y señores

Me es muy grato poder participar en este décimo – quinto aniversario del inicio de la Carrera de Relaciones Internacionales en la Universidad Iberoamericana. Como todos ustedes saben, durante muchos años mi actividad profesional fue precisamente la de ser Profesora de Relaciones Internacionales, razón por la cual valoro y aprecio de manera muy especial la labor que ha venido realizando la Universidad Iberoamericana para la formación de cuadros profesionales.
AI propio tiempo quiero realizar un reconocimiento a la calidad académica que ha caracterizado la formación de internacionalistas en esta casa de estudios. En la Secretaría de Relaciones Exteriores tenemos la suerte de contar con la colaboración y el apoyo de muchos ex – alumnos de esta carrera, y el Servicio Exterior Mexicano se ha visto enriquecido por la calidad de sus miembros que han pasado por estas aulas.
Estoy convencida que hoy más que nunca es momento de reafirmar la importancia de una formación internacionalista. Ante una situación global en constante evolución y ante las demandas para que nuestro país participe crecientemente de forma relevante en la sociedad de naciones, ustedes tienen una muy importante responsabilidad para ayudarnos a entender la naturaleza de estos cambios y la importancia de que México no sea un actor pasivo sino, por el contrario, un país que coadyuve a definir el perfil de la sociedad mundial del próximo siglo.

Hace menos de una década, al vislumbrarse el fin de la Guerra Fría, políticos y estudiosos de las relaciones internacionales avanzaban pronósticos optimistas sobre la consolidación de un mundo más seguro y estable, de mercados abiertos y sistemas políticos democráticos. Auguraban un escenario internacional donde la carrera armamentista resultaría inútil, por lo que los recursos que se canalizaban al enfrentamiento militar, se constituirían en un dividendo para la paz destinado a programas de desarrollo en todo el mundo.

A dos años del inicio de un nuevo milenio, estamos lejos de ver realizadas estas proyecciones optimistas. Es cierto que el peligro de un conflicto nuclear generalizado se ha alejado y que se han extendido la cultura democrática, el libre intercambio de bienes y servicios, el reconocimiento de la universalidad de los derechos humanos, y la conciencia sobre la protección del medio ambiente, entre otras cuestiones.

Sin embargo, la realidad ha resultado ser más compleja. El fin de la confrontación Este – ¬Oeste dio lugar a la manifestación de nuevos problemas y al resurgimiento, con vigor inusitado, de otros que habían permanecido en estado latente. Factores culturales, religiosos y étnicos, antes sofocados por el orden bipolar, han propiciado conflictos internos o regionales de virulencia desmedida. A su vez, nuevos factores y actores no estatales han limitado la capacidad de gestión de algunos gobiernos y partidos políticos incapaces de representar una amplia gama de intereses cada vez más atomizados.
Los enfrentamientos entre países y grupos de países derivados de la competencia abierta por los recursos y los mercados, la pobreza extrema, el tráfico y use de drogas ilícitas, el crimen organizado, la corrupción, la ocupación extranjera, los conflictos armados, el tráfico ilícito de armas, el terrorismo, la intolerancia y la xenofobia, las migraciones masivas y las enfermedades endémicas, transmisibles y crónicas, entre otros, siguen siendo males de carácter mundial que amenazan la salud, el bienestar social, la paz y la seguridad internacionales, y que lejos de disminuir parecen agravarse.

Así, al regocijo generalizado por el fin de la guerra fría, siguió la preocupación, también generalizada, ante las perspectivas de un futuro incierto, de un mundo con nuevos equilibrios y con reglas aún por definir. De ahí que los desafíos para todos nuestros países ostentan un carácter permanente y de ahí también el imperativo de fortalecer los mecanismos de acción conjunta para enfrentar problemas comunes que rebasan fronteras.
Unilateralismo o poder compartido

Un importante desafío político en el mundo de nuestros días, es el resurgimiento de ambiciones hegemónicas alentadas no sólo por la percepción de quiénes habían sido los vencedores y los vencidos en la guerra fría, sino por el poderío económico de los primeros y su liderazgo en la esfera de la tecnología. Estas pretensiones se han expresado en disposiciones nacionales de carácter extraterritorial, en la imposición de condicionantes para cumplir con obligaciones previamente contraidas en los foros multilaterales y en la utilización de éstos para tratar de justificar decisiones unilaterales.

Si bien la preeminencia de la mayor potencia del mundo es una realidad definitoria de la política internacional, su vocación hegemónica contrasta con la tendencia mayoritaria hacia el fortalecimiento del multilateralismo, sobre todo ahora que los organismos internacionales se constituyen en el espacio más idóneo para abordar los problemas globales.

Adicionalmente, el análisis de la situación internacional actual debe considerar la existencia de otros centros de poder de creciente importancia a nivel mundial. Las naciones con mayor solidez económica reclaman también una mayor presencia e influencia política tanto en sus ámbitos inmediatos como en el mundial. En buena medida, la negociación que se ha llevado a cabo con miras a modificar la estructura del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en particular la ampliación del número de miembros permanentes, es reflejo de estas aspiraciones.

Globalización económica
El desarrollo tecnológico en materia de servicios, como las finanzas, las telecomunicaciones, el transporte y el comercio han estrechado las otrora insalvables distancias ideológicas y geográficas. La liberalización del comercio, la internacionalización de los procesos productivos y la interdependencia de las naciones, en suma la globalización de la economía, constituye un elemento característico de la comunidad internacional de nuestros tiempos.

Asistimos al surgimiento de un verdadero sistema transnacional, donde los que están a la cabeza de la economía y de la tecnología perciben el futuro del planeta como un gran mercado y vinculan directamente el concepto de poder con la noción de competitividad.

El fenómeno de la globalización ha tenido efectos distintos en las economías dependiendo de su grado de desarrollo y de su inserción internacional. En las economías menos desarrolladas, la globalización ha significado enfrentar una mayor competencia en materia de comercio, inversión y nuevas tecnologías. En el sector de las finanzas, el fenómeno de los capitales volátiles y especulativos tiende a distorsionar las economías y, con ello, a disminuir el control de las variables económicas.

AI propio tiempo, los efectos de las crisis financieras, como la que vivió México en 1994 y los países asiáticos en octubre pasado, afectan no sólo la estabilidad y el crecimiento de los países y las regiones donde estallan, sino que inciden en las economías de otras zonas y en el sistema financiero internacional en su conjunto.

Igualmente, la reducción de los precios del petróleo, que en el corto plazo beneficia a las naciones consumidoras y afecta negativamente a los países productores y exportadores, en el mediano plazo dejará sentir sus efectos en la economía mundial en su conjunto.

La consideración de estas variables, como la movilidad de los flujos financieros y los precios de las materias primas, deben asumirse como un parámetro más en la formulación de las políticas económicas de cada país. Pero no debe perderse de vista que también es indispensable favorecer la evolución propicia de la economía internacional. Cada Estado tiene la posibilidad de decidir la forma en que se inserta en la dinámica de la globalización, mediante su actuación en el ámbito externo y conforme a sus capacidades, recursos e intereses.

Entre las acotaciones a las capacidades del Estado para definir su futuro y los requerimientos de la globalización, los procesos de integración regional surgen como un espacio intermedio, a través del cual los países que participan en dichos procesos potencian la promoción de intereses compartidos y su capacidad de interlocución a nivel mundial. Sin lugar a dudas, la Unión Europea constituye actualmente el proceso de integración regional más desarrollado del mundo, tanto por su nivel de institucionalización, como por su importancia económica.

Multilateralismo
En la actualidad la preservación de la paz y la seguridad internacionales se asocia no solamente con la ausencia de confrontaciones bélicas, sino con el acceso al desarrollo y el avance de la democratización.

Las graves problemas por los que atraviesa el mundo, constituyen un llamado de alerta acerca de los riesgos que generan la injusticia y la pobreza. Una paz sin desarrollo difícilmente puede durar, un desarrollo sin paz es impensable si se quiere sustentable y duradero. La democratización por su parte, al permitir la expresión plural de la sociedad y una mayor participación ciudadana en todos los ámbitos, constituye un respaldo de la paz y el desarrollo.

Paz, desarrollo y democratización se han convertido en el eje sobre el cual se sostiene el hoy y el mañana de la ONU, para ventilar y encontrar respuesta al impacto de los fenómenos que no reconocen fronteras, a las crisis constantes y recurrentes que inciden en forma creciente sobre la realidad cotidiana de las naciones, con base en la consolidación de una nueva cultura de paz y cooperación.

Por ello, en los últimos años, la comunidad internacional ha venido consolidando un consenso en favor de la adopción de medidas de promoción del desarrollo con justicia social. Los temas globales relacionados con este cometido ha dado lugar a la realización de conferencias mundiales como la Cumbres para la Infancia (1990), Medio Ambiente y Desarrollo (1992), Derechos Humanos (1993), Población (1994), Mujer (1995), Desarrollo Social (1995) y Grandes ciudades (1996). Ello ha propiciado una concientización más generalizada que ha empezado a traducirse en corrientes de financiamiento que, aunque insuficientes, son un comienzo.

La consideración de estos problemas rebasa los argumentos político militares para incluir los relacionados con las condiciones que permitan a todos los pueblos acceder a los beneficios del desarrollo, y crecer en democracia, con equidad y justicia social, en el orden global que se gesta.

México frente a los retos de fin de siglo
La fortaleza interna de México, sustentada en el pluralismo y los valores democráticos, en el respeto a las leyes y las instituciones, y en la solidez de sus estructuras económicas, confiere a nuestro país un lugar distinguido para fomentar el entendimiento y la equidad en el trato entre naciones, para seguir robusteciendo su presencia internacional y para rechazar con firmeza todo intento de injerencia, presión o ejercicio unilateral de autoridad.

Fortalecer la soberanía nacional y promover los intereses del país en el mundo es una prioridad insoslayable de la política exterior mexicana. En su sentido más profundo, nuestras acciones en el exterior responden al objetivo ulterior de contribuir al bienestar, la libertad y la seguridad de los mexicanos. En la conducción de nuestras relaciones con el exterior, México se rige por principios, producto de nuestro devenir histórico y cuya validez universal es incuestionable.

Las vertiginosas transformaciones que caracterizan al mundo de fin de siglo, reclaman una estrategia activa y propositiva de nuestras relaciones exteriores. México no puede permitirse quedar al margen de los cambios, o simplemente acatarlos. México cuenta con los recursos y la capacidad para influir en las tendencias globales y tiene el deber de hacerlo para aprovechar las oportunidades y encarar desde una mejor posición los desafíos del complejo escenario internacional de nuestros días, en concordancia con nuestras aspiraciones y valores nacionales.

Con ese propósito nuestra estrategia se orienta a diversificar y multilateralizar los vínculos de México con el exterior, a darles certidumbre y previsibilidad, mediante su institucionalización. Nuestros esfuerzos diplomáticos se dirigen a ampliar oportunidades con eficacia, mediante el fortalecimiento de las relaciones con los países de mayor influencia en las distintas regiones del mundo, la participación en los principales foros multilaterales con una voz firme y vigorosa, así como con la promoción objetiva y oportuna de la imagen de nuestro país en el extranjero.

México posee una posición de gran valor estratégico, como país de pertenencias múltiples y promotor del regionalismo abierto, que le permite establecer vínculos privilegiados con América del Norte y con América Latina, con Asia y con Europa, y con ello, ampliar su capacidad de interlocución y su presencia en el mundo globalizado de nuestros días.

Sin lugar a dudas, el continente americano es el ámbito natural y privilegiado para las relaciones de México con el exterior. Alrededor de un 90 por ciento de nuestro comercio tiene lugar con países americanos y cuatro de nuestros diez principales socios se ubican en este continente. Con las naciones de América Latina y el Caribe, nuestros tradicionales lazos políticos, culturales a históricos se nutren con intercambios económicos y de cooperación cada vez más intensos.

México, ha realizado importantes aportaciones a la dinámica regional. Hemos sido fundadores y decididos impulsores de iniciativas de diálogo y concertación, como el Grupo de Río, el Grupo de los Tres, el Mecanismo de Tuxtla, el Mecanismo de San José y la Asociación de Estados del Caribe, entre otros.

Convencidos de que el libre comercio constituye un importante factor de crecimiento, México ha fortalecido su inserción económica en todo el Continente Americano, a través de una red de acuerdos de libre comercio. El primer acuerdo para establecer una zona de libre comercio que suscribimos fue con Chile, en 1992, y con base en el interés de ambos países por perfeccionarlo, en 1996 iniciamos negociaciones que condujeron a la rúbrica, hace unas semanas, de un tratado más amplio que comprende los servicios, la inversión y la propiedad intelectual, entre otras materias.

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), vincula a 390 millones de habitantes y tiene un volumen de exportaciones conjunto de un millón de millones de dólares. El TLC ha significado no sólo un crecimiento del 64 por ciento del comercio entre sus tres países miembros, y el incremento del 50 por ciento de sus exportaciones al resto del mundo, sino también más empleos en México, Canadá y Estados Unidos.

En América Central, hemos suscrito acuerdos de libre comercio con Costa Rica y Nicaragua, y sostenemos negociaciones con Guatemala, Honduras y El Salvador, así como con Panamá, naciones a las cuales pronto se sumará Belice.

Con Colombia y Venezuela, suscribimos un Tratado de Libre Comercio del Grupo de los Tres. Con Bolivia, el tratado de libre comercio fue el primero en su tipo que México suscribió con un país miembro de la ALADI en la categoría de menor desarrollo económico. A fin de lograr un mayor acercamiento con la Comunidad Andina, México negocia acuerdos de libre comercio con Perú y Ecuador. Igualmente, buscamos un acuerdo comercial con los países del Mercosur.

Estamos comprometidos, además, con un esfuerzo todavía más ambicioso que involucra a todos los países del continente: la creación del Área de Libre Comercio de las Américas, en el marco de la Cumbre de las Américas.

Independientemente de las características que este foro adopte en el futuro, México desea que la integración hemisférica tome en cuenta y se beneficie de los avances logrados por los países del área, no sólo en los temas comerciales, sino en ámbitos de tanta relevancia como la educación, el combate al narcotráfico y el fenómeno migratorio.

Para México, Cuba tiene una importancia singular en el entorno regional. Es nuestra frontera marítima y una nación con la que nos unen antiguos lazos históricos y de cooperación. Por ello, México busca continuar fortaleciendo los intercambios bilaterales en todos los ámbitos a impulsar la incorporación plena de la isla a los mecanismos de cooperación y concertación regionales.

Los mecanismos a iniciativas continentales a que me he referido muestran una intensa renovación del multilateralismo hemisférico. En este contexto, la Organización de Estados Americanos juega un papel particularmente significativo. La Carta de Bogotá, cuyo cincuentenario celebramos este año, logró ser un marco jurídico primordial para regular la concertación entre los países de nuestros continente. Hoy, sin embargo, ante las transformaciones del escenario internacional, es necesario adecuar el funcionamiento de la Organización de Estados Americanos a las nuevas condiciones mundiales de fin de siglo.

Sin falsa modestia puedo afirmar que México es un actor positivo y dinámico a nivel económico y un factor de estabilidad y diálogo político en favor de la paz y la prosperidad hemisféricas.

Pero nuestra estrategia de diversificación no se agota en el espacio americano. Con la Unión Europea, segundo socio comercial a inversionista de México, buscamos fortalecer nuestros nexos mediante el Acuerdo de Asociación Económica, Concertación Política y Cooperación, firmado en diciembre pasado. Asimismo, como miembro de la comunidad del Pacífico, México otorga una gran importancia a su participación en el Mecanismo de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC).

Los contactos interregionales también merecen nuestra mayor atención. La Conferencia Iberoamericana nos ha permitido fortalecer el acercamiento y la concertación entre países de América Latina y Europa que comparten valores, lengua y cultura. Asimismo, a través del Grupo de Río hemos participado en un provechoso vínculo con la Unión Europea, mediante un mecanismo a nivel ministerial, así como con otras regiones y países del mundo. En este contexto, México desempeña un papel relevante en la preparación de la i próxima reunión Cumbre América Latina Unión Europea, que tendrá lugar en Río de Janeiro, durante el primer trimestre de 1999.

México considera a las diversas iniciativas de integración regional, no como bloques cerrados, sino como las partes que, con base en el regionalismo abierto y el respeto al multilateralismo, constituirán los cimientos de un sistema internacional de comercio más justo y transparente.

El espacio multilateral constituye un área prioritaria de la política exterior de México. La Organización de las Naciones Unidas, a más de medio siglo de su establecimiento, es la instancia universal más importante para garantizar la paz y la seguridad internacionales. México, al tiempo que refrenda su compromiso con los propósitos y principios de la Carta de San Francisco, reconoce que es necesaria una reforma de la Organización a fin de adecuarla a los requerimientos del mundo actual y lograr de ella un desempeño más eficiente, democrático y transparente, que refleje un mejor equilibrio entre sus principales órganos.

Respecto del Consejo de Seguridad, órgano responsable del mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales, México impulsa una reforma tanto en su composición, como en sus métodos de trabajo, con una reglamentación del sistema de veto, a fin de que sólo se utilice frente a genuinas amenazas a la seguridad colectiva.

Mediante una activa participación en los distintos grupos de trabajo que se ocupan del proceso de reforma de la Organización, México busca que la nueva estructura de la ONU refleje los intereses mayoritarios de sus miembros y no sólo la visión de un grupo reducido de países, por poderosos que sean.

Quisiera hacer una referencia específica a una de las principales amenazas a la concordia internacional en los umbrales del siglo XXI: el narcotráfico. Hace tres años, México lanzó la iniciativa de celebrar una Sesión Extraordinaria de la Asamblea General de la ONU para abordar, con un enfoque integral el problema del narcotráfico. Esta propuesta mexicana recibió el respaldo de la comunidad internacional, por lo cual dicho encuentro se celebrará del 8 al 10 de junio próximo.

México ha sostenido que frente a este cáncer global, la única respuesta es la cooperación corresponsable de todas las naciones, con estricto respeto a la soberanía de los Estados, para atacar de manera simultánea todos los eslabones de la cadena delictiva y los delitos conexos al narcotráfico.

Éste es un ejemplo de la forma en que la diplomacia mexicana empeña su mejor esfuerzo para construir consensos que reflejen nuestros intereses nacionales, en todo momento y en todos los ámbitos, sea el bilateral, el regional o el mundial.

Nuestro país seguirá impulsando, por todos los medios posibles, la consolidación de foros internacionales que contribuyan a que la relación entre Estados se sujete a los principios del respeto al Derecho Internacional, a la promoción de la paz y la seguridad internacionales, y a la cooperación para el desarrollo integral.

De entre los diversos retos que enfrenta la política exterior de México uno de singular importancia es el de contar con profesionales que con su intelecto, visión y voluntad de trabajo contribuyan activamente a la formulación y a la instrumentación de nuestras posiciones en el mundo. Contar con más y mejores funcionarios que comprendan y valoren la importancia de una política exterior activa, orientada fundamentalmente a la promoción y defensa de nuestros intereses nacionales, es y será un desafío constante que tendremos que enfrentar.

Afortunadamente, la labor que realiza la Universidad Iberoamericana así como otras instituciones de enseñanza superior en nuestro país, constituye un esfuerzo de primera línea para contribuir a la preparación de los profesionales que en el futuro orientarán, defenderán y promoverán las actividades de México en el exterior, tanto como miembros de la Secretaría de Relaciones Exteriores como en otros campos de la actividad política, económica y social de nuestro país.
Muchas gracias.